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Hasta ahora habían atacado un supermercado, una redacción, un tren, terrazas de bares, una sala de conciertos, un colegio, un estadio, a policías en la calle o en sus casas, un paseo marítimo. El yihadismo, que ha sacudido Francia en los últimos años con una dureza tal que ha dejado el país al borde de la ruptura social, golpeó un objetivo codiciado por ISIS (Daesh) pero hasta el momento, indemne: una iglesia. Dos hombres armados con un cuchillo degollaron a un sacerdote de 86 años en Normandía e hirieron a otra persona, que se encuentra muy grave.
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(www.abc.es) El ataque tuvo lugar durante la misa de la mañana, a la que asistían tan solo dos religiosas y dos laicos feligreses. Los terroristas llegaron poco antes de las diez de la mañana, entraron por la puerta de atrás, y tomaron como rehenes a todos los presentes. Obligaron al párroco, Jacques Hamel, a arrodillarse antes de acuchillarlo y grabaron toda la escena.

 

Una de las monjas consiguió escapar y dio la alerta a la Policía, que selló los alrededores de la iglesia de San Esteban, en el pueblo de Saint Etienne du Rouvray, en la periferia de Rouen. Una hora después, los dos hombres salían de la parroquia y se precipitaban, cuchillo en mano y al grito de «Alá u-Akbar» (Dios es el más grande), contra las fuerzas de seguridad que rodeaban el lugar. Los agentes los abatieron allí mismo.

 

Daesh reivindicó el atentado, señalando que dos de sus «soldados» habían respondido a los llamamientos de atacar a los países de la coalición que combate al «califato» en Siria e Irak. Este es el mismo medio que el movimiento terrorista ha utilizado en las últimas semanas para reclamar, a toro pasado, los ataques de Munich o Niza.

 

Apenas una hora antes, era el propio presidente, François Hollande, el primero en confirmar la pista terrorista al asegurar que los dos atacantes aseguraron pertenecer al autodenominado Daesh. «Nos ha declarado la guerra», lamentó Hollande, «una guerra que hay que librar por todos los medios, pero respetando las leyes», señaló, recordando que «lo que quieren los terroristas es dividirnos», y rechazando implícitamente la batería de medidas, a cada cual más radical, reclamadas desde el atentado de Niza.

 

EN BUSCA DE LA YIHAD

Fuentes de la investigación señalaron ayer que uno de los terroristas, al que la Fiscalía identificó después como Adel Kermiche, de 19 años, vivía en el mismo pueblo en el que cometió el atentado y estaba fichado por los servicios de inteligencia porque en marzo de 2015 intentó viajar a Siria. Fue rechazado en la frontera por las autoridades turcas que lo enviaron de vuelta a Francia, donde fue detenido y encarcelado de forma provisional por asociación de malhechores vinculada a una empresa terrorista. Poco después del ataque de ayer, la Policía registró el domicilio de los padres de uno de los autores y detuvo a una persona.

 

Kermiche fue liberado en mayo pero seguía siendo vigilado a través de un brazalete electrónico. Al parecer, todos los días debía fichar en la comisaría del municipio y tenía permiso para salir de casa de 08.30 de la mañana hasta las 12.30. El joven aprovechó ese permiso para cometer el atentado. Ambos atacantes rozaban la veintena y, según vecinos del pueblo, eran conocidos como los típicos delincuentes de barrio de poca monta.

 

Los rudimentarios medios que utilizaron -cuchillos, además de un viejo revolver inservible y un falso artefacto explosivo-, hacen suponer que los terroristas no tenían capacidad para hacerse con armas que pudieran causar mayores daños. Pero si el atentado de Niza ha dejado claro que no es necesario un fusil de asalto o explosivos para cometer una matanza, el de ayer en Normandía vuelve a poner en evidencia que con un simple cuchillo de cocina se puede sembrar la conmoción y el terror.

 

Para más repercusión, los atacantes al parecer grabaron toda la escena del degollamiento del párroco, según relató a la prensa francesa la hermana Danielle, la religiosa que consiguió escapar y dar la alarma. Según declaró la monja a la radio RMC, los terroristas obligaron al sacerdote a arrodillarse antes de degollarlo y dieron “una especie de discurso en árabe alrededor del altar. Fue horrible”.

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