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La Protección Civil italiana anunció en las primeras horas de esta tarde que la cifra de 247 muertos en el desastroso terremoto de madrugada del miércoles que destruyó varios pueblos y aldeas en el centro de Italia, había descendido a 241 cadáveres al hacer un recuento del alto número de víctimas fatales en las últimas doce horas. De los 368 heridos quedan en los hospitales 270 personas. Los 6500 bomberos, miembros de las fuerzas de seguridad y voluntarios siguen buscando cuerpos y no se pierden todas las esperanzas de encontrar sepultados vivos bajo los escombros.

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(www.clarin.com) Se informó también que 215 personas han sido salvados en las operaciones de socorro. Una parte de los sobrevivientes pasaron la noche en las tiendas levantadas en las localidades más castigadas por el sismo. Muchos prefirieron dormir en sus automóviles y otros cientos se mudaron a casas de parientes en otras partes de Italia, sobre todo en Roma, situada a unos 130 kilómetros al sudoeste de la zona afectada.

 

En una de las zonas más idilíacas del centro de Italia, a 800-1000 metros de altura, entre bosques y lagos, un catastrófico terremoto de magnitud 6.0 de la escala Richter destruyó las pequeñas ciudades de Amatrice y Accumuli y varios pueblos y aldeas en las regiones del Lazio, Abruzzo y las Marcas, todos de una fascinante belleza medieval que se ha perdido quizás para siempre. La catástrofe se produjo a las 3,36 de la madrugada, con una magnitud sísmica de 6.0 de la escala de Richter, apenas con un 0.2 menos del terremoto de la L´Aquila, capital de los Abruzos el 6 de abril de 2009, que dejó un saldo de más de 300 muertos.

 

La falla enorme del dorsal de los Apeninos dio nuevos gigantescos golpes, como ocurre desde hace siglos. Cada cuatro o cinco años en el centro de Italia hay un terremoto. Un geólogo explicó que la falla en las montañas de los Apeninos es una gigantesca herida que recorre de norte a sur las entrañas de la tierra, sobre todo en el centro sur italiano.

 

Hay un movimiento tectónico de tensión en las placas que terminen rompiéndose y desde hace muchos siglos esta crisis telúrica produce terremotos. La falla apenínica es considerada de riesgo 1, el más peligroso.

 

El primer ministro Mateo Renzi, que visitó las zonas afectadas ayer por la tarde, dijo que “hasta el momento los muertos son al menos 120”, con 368 heridos, pero reconoció que la cuenta podía sumar nuevas tragedias. Hoy las víctimas sumaban 241, tras un balance equivocado de 247. El alcalde de Amatrice señaló que había “por lo menos otros cien desaparecidos” y que era necesario añadir los cuerpos que se encontraran en el legendario hotel Roma, donde el martes por la noche se celebró una fiesta por el 50 aniversario de la salsa a la amatriciana, la más popular para las pastas, el plato nacional italiano. El dueño del hotel explicó que muchos clientes lograron huir a tiempo y se fueron de la zona en sus coches. Solo cinco cuerpos fueron encontrados tras el derrumbe del albergue, pero se cree que hay otros cadáveres bajo los escombros.

 

En Pescara del Tronto, un pueblo cercano a la ciudad de Accumuli, vecina al centro del sismo, que se produjo a una profundidad de solo cuatro kilómetros, lo que explica la violencia del desastre, anoche fue encontrada viva una nena de cinco años, tras pasar quince horas atrapada en los escombros. De su hermana, que estaba junto a ella, se rescató el cadáver.

 

En la zona del desastre, ciudades, pueblos y aldeas montañosas están habitadas por gente mayor. Italia está en pleno verano y los hijos de los abuelos aprovechan las vacaciones en el mar y las montañas para ir unos días a sus lugares de origen y llevan a los chicos.

 

Amatrice, Accumuli, Pescara del Tronto y Arquata del Tronto, los cuatro lugares devastados por el terremoto, habían triplicado la población en estos días y estaban llenos de chicos y nenes muy pequeños, lo que explica cuantos se suman a las víctimas.

 

Una abuela logró salvar a sus dos nietos metiéndolos debajo de la cama y cubriendolos con su cuerpo. El abuelo que estaba con ellos murió aplastado por los pedazos del techo de la casa.

 

Muchas familias han quedado destruídas, como ocurrió en Accumuli con la joven pareja que murió tratando de cubrir a sus dos hijitas, al lado del cuartel de carabineros que fue destruído por la violencia de la onda sísmica.

 

Uno de los párrocos de Amatrice contó que había bendecido a Antonella, una de sus feligresas, que había muerto teniendo en brazos a su beba de pocos meses. También el marido perdió la vida.

 

Durante toda la jornada se sucedieron más de 200 réplicas de distinta intensidad que los especialistas atribuyeron al asestamiento de las entrañas de la falla apenínica. Pero a las 19,45 de anoche (cinco horas menos en la Argentina) se produjo un temblor de más de 4.0 del sistema Richeter que hizo caer pedazos de los edificios y que se sintió incluso en Roma.

 

“En diez segundos se vino todo abajo”, contó en Accumula la vieja Assunta a la televisión, sosteniendo a su perrito que ella misma salvó. La anciana lloró ante las cámas al recordar que una sobrina y varias vecinas “están allí abajo”.

 

Después del terremoto toda la zona se quedó sin electricidad. Las columnas de socorristas que puso en marcha la Protección Civil en un país que convive con los frecuentes terremotos, trajeron reflectores y máquinas para restablecer en parte la iluminación. Desde Roma, Milán, Turín, Florencia, Nápoles y otras ciudades partieron las caravanas de socorro llevando casas rodante y carpas especiales para las tendópolis que comenzaron a funcionar anoche para los que se han quedado sin su casa.

 

Grúas, máquinas de movimiento de tierra y aparatos electrónicos, junto con centenares de policías, carabineros y agentes especializados con perros para la búsqueda de los sepultados vivos, partieron en la misma mañana de la tregedia. Ochocientos bomberos asumieron la tarea principal de buscar a los enterrados bajo los escombros.

 

“No se sabe cuantos son los que deben ser rescatados porque muchos parientes que vinieron por las vacaciones pueden haber pasado la noche en las casas”, dijo uno de los vecinos.

 

En Arquara del Tronto, como en los otros pueblos, las autoridades públicas, el párroco y la gente, están dominada por la desesperación. “Creemos que por desgracia el balance final va a ser muy trágico”, dijo el alcalde.

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