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Por tercer año consecutivo, en el marco del Proyecto La Otra Trama, el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) publica la primera de tres investigaciones periodísticas independientes. El primer trabajo de este año es la investigación Los invisibles de La Quiaca, referida a la trata y tráfico de personas en la frontera argentino boliviana, realizada por Diego Granda (socio de FOPEA y periodista de La Nación).
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Detrás del paso fronterizo con mayor volumen migratorio del Noroeste argentino se esconden historias humanas desoladoras. El tráfico ilegal de personas en zonas cercanas a la frontera con Bolivia es un negocio instalado. Varían los actores, pero no las formas. Cuáles son las fallas estructurales que podríamos modificar para solucionar, e incluso prevenir, los casos que se repiten. El rol de la Argentina en un mundo que atraviesa una crisis migratoria internacional.

 

Este trabajo fue realizado en el marco del proyecto La Otra Trama. La Otra Trama es un espacio colectivo de organizaciones de la sociedad civil que, a través de un enfoque multidisciplinario, busca articular acciones en torno al problema del crimen organizado en la sociedad argentina. La Otra Trama se propone hacer visible la dinámica del crimen organizado en el país, por medio de la investigación, la difusión, la sensibilización, el fortalecimiento de capacidades y la incidencia pública.

 

Actualmente, integran La Otra Trama Fundación Avina,Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ)Foro de Periodismo Argentino (FOPEA),Fundación Cambio DemocráticoFundación La AlamedaContadores ForensesComisión Episcopal para la Pastoral de las Migraciones y el Turismo y Fundación Crear Vale la Pena.

 

Detrás del paso fronterizo con mayor volumen migratorio del Noroeste argentino se esconden historias humanas desoladoras. El tráfico ilegal de personas en zonas cercanas a la frontera con Bolivia es un negocio instalado. Varían los actores, pero no las formas. Cuáles son las fallas estructurales que podríamos modificar para solucionar, e incluso prevenir, los casos que se repiten. El rol de la Argentina en un mundo que atraviesa una crisis migratoria internacional. (Informe publicado el lunes 5 de septiembre de 2016).

 

AMOR DE MADRE

Tras tres meses de búsqueda, Carina recuperó a su hija Antonella de 14 años con la ayuda de la ex cónsul argentina en Potosí, Reina Sotillo. “Hay una muy parecida detrás de la esquina en donde están las otras chicas, pero le dicen Daniela, y tiene el pelito más largo”.

 


El episodio ocurre en la Villa Imperial de la ciudad de Potosí, en Bolivia. La mujer, sentada sobre sus polleras, con el pelo trenzado, desconoce lo valioso del dato que con inocencia lanza al aire.

 

Mientras hace lo de siempre, cobrar limosna para limpiar el sucio baño de la terminal de ómnibus, dos mujeres acaban de aparecer de incógnito, algo apresuradas, y enseñan una foto gastada. Son Carina Ramos, quiaqueña, 40 años, de tez trigueña y Reina Sotillo, ministra plenipotenciaria del Servicio Exterior argentino, de 55 años, tez blanca y pelo rubio tapado por una capelina blanca.

 

Detrás de la esquina hay una whiskería, también les dicen “karaokes”. Queda en el corazón del Barrio de las Mujeres. A Carina le tiembla el pulso: en los últimos tres meses viajó a lo largo y ancho de la Argentina buscando a su hija, de 14 años.

 


A LOS KARAOKES TAMBIÉN LES DICEN WHISKERÍAS. LA LEY BOLIVIANA LOS PERMITE, AUNQUE PROHÍBE LA PRESENCIA DE MENORES.


 

 

Para esa fecha, Sotillo ya tenía contactos en todos los pueblos y suburbios de su jurisdicción consular y zonas cercanas. En el 2007, la Cancillería de los tiempos de Jorge Taiana la había asignado, por pensar distinto, a un destino que todos rechazaban en el departamento boliviano de Potosí, separado de La Quiaca por un río –que por lo seco, es más bien un arroyo–. Zona árida, desolada y fría. Faltaban relaciones internacionales en esos cientos de kilómetros de frontera de una tierra que se parte de seca. Y también oxígeno: se sitúa a 3.450 metros sobre el nivel del mar.

 

Desde que llegó a la misión diplomática, Sotillo se dedicó a una actividad más humanitaria que consular: ostenta hoy el récord de haber restituido a más de dos mil menores de edad en ocho años de gestión, cifra que reconoció el Senado boliviano al otorgarle una mención honorífica al término de su gestión.

 

El caso de Carina y su hija de 14 años se presentaba como otro más de los que se repetían y se repiten: alguien se lleva de un país a otro, sin ningún tipo de registro, a una adolescente engañada, para algún tipo de explotación.

 

Las ayudó una coincidencia de la historia, más bien una ironía: ese mismo diciembre del 2013, la Justicia tucumana de primera instancia había absuelto a los 13 imputados por la desaparición de Marita Verón, hoy, ninguno de los jueces permanece en su cargo: o renunciaron o se jubilaron y enfrentan cargos por cohecho.

 

Además, el proyecto para una nueva ley antitrata estaba a horas de perder estado parlamentario en el Congreso Nacional. El país entero hablaba sobre el tema, y el costo político hacía que varias autoridades se movilizaran.

 

Aquella mañana, Sotillo y Ramos salieron temprano, al alba, bajo el sol puñeno, cuando después de insistir con llamados telefónicos, la policía boliviana les informó que había una chica argentina que coincidía con las características físicas que buscaban.

 


ERA ANTONELLA, QUE DE A POCO SE ACOSTUMBRABA A SU NUEVA IDENTIDAD. HABÍA DESAPARECIDO A LA SALIDA DE LA ESCUELA NORMAL DE LA QUIACA.


 

“Había una casa vieja y echada a menos; se entraba por un pasillo largo y, en el fondo, luego de una escalera, se veían cuartitos, todos encimados��, cuenta Carina. “No nos atendía nadie, hasta que vimos pasar por el pasillo a una chica, con extensiones de cabello, que levantó la mirada”. Dice que gritó tan fuerte que salió un hombre desde el fondo; sin mostrar el rostro pero con voz bien grave advertía a la chica: “Daniela, vení para acá”.

 

No era ninguna Daniela. Era Antonella, hija de Carina, que había desaparecido al salir de la fiesta del Día de la Primavera que realizaban en la Escuela Normal de La Quiaca. La chica no dudó: corrió a los brazos de mamá y no se movió de la Ford Ranger gris en la que habían llegado las mujeres, junto a un empleado del Consulado que se encargó de llevarlas. Hacía frío y era de noche.

 

“Por un instante, pensamos en indagar algo más sobre quiénes eran las otras adolescentes, cuenta Sotillo, pero había sido un día agotador y teníamos a la niña, así que rápidamente partimos”. El viaje de regreso a La Quiaca fue en silencio.

 

(*) Créditos

Autor. Diego Granda

Videos. Candela Grizutti – Armando Flores

Fotografías. Sebastián Granda – Diego Granda

Diseño y desarrollo multimedia. Facundo Segura

Tutoría periodística. Verónica Toller

Coordinación editorial. Andrea Schulte

Coordinación general. Vanina Berghella

Desarrollo integral multimedia: MediaLabFOPEA

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