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Se sospechaba, se comentaba, incluso los medios habían escrito sobre el tema, pero nunca había tenido tanto impacto como hasta ahora: a menos de un mes de las elecciones en EE.UU., una avalancha de mujeres salió a denunciar al republicano Donald Trump por haberlas manoseado, una conducta que encaja en la figura de abuso sexual y que amenaza con enterrar la carrera política del aspirante a la Casa Blanca. El magnate habla de una “conspiración” mediática, niega todo y amenaza con juicios a la prensa. Pero su campaña está en serios problemas.
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(www.clarin.com; Paula Lugones) Varias mujeres acusaron este jueves a Trump ante la prensa de haberse propasado en distintos episodios. Esto surge luego de que The Washington Post revelara el viernes pasado un video de hace 11 años en el que empresario se jactaba de que podía “hacer lo que quiere” con cualquier dama, incluso “agarrarlas de la c....” porque él era una “estrella”. Se armó tal escándalo que Trump tuvo que salir a pedir disculpas y dijo que era una clásica “conversación de vestuario”. Luego, en el segundo debate con Hillary Clinton el domingo, Trump reiteró que había sido una típica conversación de hombres y que habían sido “solo palabras”.

 

Por eso las denuncias de estas mujeres cobran ahora gran dimensión en la campaña: la hipotética “charla de vestuario” sería más bien una realidad. El candidato no sería un abusador sino también un mentiroso. En EE.UU., cualquier contacto con intención sexual no consentido es considerado un abuso; y en algunos estados puede llegar a 2 años de prisión. Las damas no hicieron la denuncia judicial porque estimaron que nadie les creería. Desde que comenzó la campaña, ya habían salido varios reportes sobre el maltrato de Trump a las mujeres, que Clarín consignó en su momento.

 

La ola de denuncias se agravó esta semana. Jessica Leed, que hoy tiene 74 años, dijo a The New York Times que hace unas 3 décadas, mientras viajaba por negocios en un avión en primera clase, se sentó junto a Trump quien, sin conocerla, comenzó a tocarle un pecho e intentó meter su mano por debajo de su pollera. “Era como un pulpo, sus manos por todos lados”, contó Leed, y agregó que tuvo que irse al sector turista del avión para evitar que continuara con el abuso.

 

Rachel Crooks, de Ohio, era una recepcionista de 22 años de Bayrock Group, una empresa inmobiliaria en la Trump Tower, en Manhattan, donde se encontró con el magnate en 2005 fuera de un ascensor. Sabiendo que su empresa trabajaba con Trump, ella le estrechó su mano, pero el magnate –de acuerdo con lo que contó al Times– no la dejó ir y comenzó a besarla, primero en las mejillas y luego “directamente en la boca”. Ella vivió ese episodio como una violación. “Fue así de inapropiado, estaba tan turbada”, dijo.

Mindy McGillivray, quien por ese entonces tenía 23 años, dijo al Palm Beach Post que él la manoseó en Mar–a–Lago, el “resort” de Trump cerca de Palm Beach, y que decidió contar su verdad luego de escuchar las desmentidas del candidato republicano a la Casa Blanca en el debate. Ella, que era asistente del fotógrafo Ken Davidoff, contó que Trump inesperadamente le tocó la cola. “Eso fue más bien un manoseo insistente. Estaba cerca del centro de mis nalgas. Yo estaba estupefacta”, contó.

 

La periodista de la revista People Natasha Stoynoff denunció que Trump abusó de ella en 2005 durante una entrevista que le hizo al magnate y a su esposa, Melania, que en ese entonces estaba embarazada, en Mar–a–Lago. “Cuando nos tomamos un descanso para que Melania subiera al piso de arriba y se cambiara de ropa para más fotos, Donald quiso mostrarme la mansión. Había una habitación ‘tremenda’, él dijo, que yo tenía que ver”, explicó Stoynoff. “Entramos solos a la habitación, y Trump cerró la puerta detrás nuestro. Me giré, y en segundos, él me empujó contra la pared, y metió su lengua hasta mi garganta”, añadió. También se supo que había dicho a una niña de 10 años que lo visitaba en su torre de Nueva York, que en 10 años ella sería su novia.

 

En un acto en Florida, Trump salió este jueves a desmentir todo. “Las calumnias e injurias que fueron lanzadas contra mí anoche por la maquinaria de Clinton y The New York Times y otros medios fue parte de un ataque perverso, acordado y coordinado”, dijo el candidato. Antes, la campaña de Trump había dicho que la nota del Times “establece un nuevo mínimo (ético) sobre lo que los medios están dispuestos a hacer en sus esfuerzos por influir en estas elecciones”. Y amenazan con un juicio al diario.

 

Es el momento más dramático para la campaña de Trump. Si bien sus votantes más fervorosos lo justifican y dicen que son “cosas del pasado”, estas revelaciones impactan en el electorado independiente y, sobre todo, entre las mujeres. Cerca de un 60% de ellas ya se inclinan por Hillary, que en general le lleva al magnate 11 puntos en las encuestas. Pero Trump, que ya tiene enormes dificultades para llegar a los latinos y a los afroamericanos, no puede ganar sólo con los hombres: necesita buena parte del voto femenino y con estos escándalos más bien lo espanta.

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