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“No sabés lo que Corrientes y la UNNE significan para mí”. Esa fue la frase que abrió la posibilidad de esta entrevista con el doctor Héctor Daniel González, un esquinense que luego de graduarse en la Facultad de Medicina de la UNNE, siguió su formación en Madrid, EEUU (Harvard University) y Barcelona hasta convertirse hoy en uno de los cirujanos más prestigiosos de Londres. 

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El doctor González describe a través del puente que tiende Skype con la Revista El Universitario esa fotografía que registra sus años de estudiante y en ese recorrido surgen profesores que lo marcaron, la formación recibida y el orgullo de sentirse un egresado de la Universidad Nacional del Nordeste. 

 

 

Corría el año 1979 cuando este esquinense llega a Corrientes con muy pocos recursos y siguiendo un amor platónico. La Facultad de Medicina sólo estaba en su objetivo por el simple hecho de que la chica de sus sueños quería ser médica. Pero el destino hizo su jugada, tras rendir el examen de ingreso, él accedió al primer año, ella no. En ese mismo momento quedaban en la nada sus deseos de ser ingeniero nuclear porque “en el primer día de facultad me di cuenta que la Medicina sería mi pasión”.

 

 

Afincado en Londres, González -ex-cardiólogo- se dedica actualmente a la cirugía general y del aparato digestivo, especializado en cirugía de trasplantes de hígado, páncreas, y riñones. A su actividad asistencial le suma además la docencia, ya que tiene a su cargo residentes en el área de cirugía abdominal en The Whittington Hospital que pertenece a la University College London, una de las cuatro mejores universidades del mundo con 10 Premios Nobel en su historia.

 

 

Es inevitable proponerle una comparación entre el ambiente estudiantil que le tocó vivir a fines de la década del ´70 y el que ve en sus estudiantes. “Estábamos marcados por una forma de pensar muy propia de la época, socialmente comprometidos, rematadamente utópicos y la medicina era parte de nuestra actitud de querer cambiar el mundo. Esa quizás sea la mayor diferencia que veo con mis estudiantes, lo máximo que ellos hoy desean cambiar es el coche”. 

 

 

Sin dar espacio a una risa que pudo haber generado la última frase, González recuerda a uno de sus primeros docentes que tuvo como modelo en la Facultad de Medicina: el doctor Julio Domingo Civetta. “Lo admiraba profundamente por sus clases de Anatomía, pero por sobre todo por los valores que nos transmitía, algo tan importante para jóvenes que están modelando su carácter. Nos decía que si éramos capaces de leer buena literatura o de practicar alta matemática, seríamos capaces de ser mejores médicos. Un día nos dijo: “Los ojos no ven lo que la mente no conoce”. Sin dudas una persona inspiradora, de esas que te marcan para siempre en tu forma de ser. Tuve el privilegio de ser su alumno”. 

 

 

Preparación académica. Ser uno de los cirujanos más prestigiosos de Londres lo llevó a prepararse y aprender en centros de primer nivel. ¿Cómo lo instruyó la Facultad de Medicina de la UNNE para involucrarse en esos ámbitos?.

“Nuestra formación fue la apropiada para la época. Hubo detalles que para mí fueron importantes. Al momento de iniciar los ciclos clínicos, al no ser muchos estudiantes, teníamos un vínculo muy estrecho con los profesores. Concurríamos al hospital diariamente, teníamos la oportunidad de ver muchos pacientes, aprender a pensar como médico en la situación concreta de cada caso  y mucho estudio paralelo. Eso genera una gran diferencia profesional llegado el caso.”

 

 

“Lo otro que destaco es que en Corrientes 30 años atrás no había, lógicamente, la tecnología de la actualidad. En consecuencia nuestra actitud hacia la medicina era básicamente más artesanal, humanista y esencialmente centrada en escuchar y examinar al enfermo y pensar, sobre todo pensar, analizar, discutir con otros médicos. Estoy convencido que el aparato de más alta complejidad en la medicina es la cabeza del médico que la práctica. Esto que aprendí en la Facultad, es lo que me hace diferente en el ámbito del hospital en el que trabajo en la actualidad. Soy muy popular entre mis pacientes, porque tengo una forma muy particular de vincularme que es simplemente como nosotros nos comunicamos en nuestra región. Un chiste, escucharlos, dedicarles tiempo, hacerles ver que no son un número. El paciente no entiende de tecnicismos. La clave es hablarle en su propio código que es un código de plagado de emociones en una situación de vulnerabilidad extrema”.

 

 

Si bien González utiliza la tecnología como una buena herramienta que le permite mejorar su práctica médica cotidiana, ve una tendencia lamentable a establecer los diagnósticos en los resultados que aportan los equipos tecnológicos sin usar la actitud crítica que surge de la madurez del juicio clínico. “En esta misma etapa -al hablar de sus alumnos residentes- éramos más autónomos e interpretábamos mucho más los diferentes casos. De seguir así las computadoras reemplazarán muchas de las funciones de los médicos y no estoy seguro de que eso sea lo correcto, como tampoco creo que eso sea hacer medicina”.

 

 

Especialización. Una de las razones que lo llevaron a destacarse en Inglaterra es su calidad como un cirujano con características pocos comunes para ese medio. Aunque está abocado al trasplante de hígado, páncreas, riñones, cirugía hepática y de intestinos, él se considera un cirujano general en el sentido más amplio.

 

 

Al igual que en todo el mundo la súper especialización en cirugía copó el sistema en Inglaterra. Pero González dice ser parte de una cruzada para revertir esta situación y buscar que los cirujanos antes de elegir una sub-especialidad primero deban ser excelentes cirujanos generales. Es aquí donde rescata al segundo profesor que lo marcó profesionalmente.

 

 

“Cuando decidí ser cirujano, opté por seguir el modelo profesional del doctor Antonio “Tono” González. Si lo transportara en el tiempo y lo ubicara hoy en Londres, se necesitarían ocho cirujanos ingleses para hacer un Tono González”. La sub-especialización en cirugía tiene muy buenos resultado en las operaciones programadas, pero muy malas en casos de emergencia. Las estadísticas nacionales en Inglaterra son muy claras en este punto.

 

 

-Apelando a su capacidad docente, ¿qué materias deberían ser la columna vertebral de un plan de estudio para un médico de este siglo?.

Yo creo que las ciencias básicas son fundamentales, un médico de este siglo tiene que entender de bioquímica, de fisiología, fisiopatología básica, de inmunología. La fisiopatología es uno de los pilares de la medicina moderna. Y esto incluye a los cirujanos quienes deberíamos tener siempre un perfil científico, no solo un técnico operador. Ya que hablo de Fisiopatología, quiero expresarle mi eterno agradecimiento a una de las personas que más influyó en mi formación científica: el doctor  Gabriel “Catú” Mendiondo,  Profesor de Fisiopatología en aquel entonces.

 

En su mesa de trabajo en el Hospital Llano de Corrientes, uno encontraba libros de Clínica Médica, Bioquímica, Física, Matemática. El medico moderno tiene que tener un perfil renacentista. Tiene que ser amplio de criterio, multifacético, capaz de situarse frente a la realidad y verla desde una perspectiva amplia, a la vez que ser capaz de visionar, liderar y gestionar el cambio. Hoy en día la ciencia y la innovación avanzan en la interdisciplina. Hay que juntar al médico con el ingeniero, el diseñador de software, el experto en estadística y el hombre de negocios.

 

 

-¿Qué significaba ser un graduado de la UNNE en grandes instituciones en las que trabajó y se formó?.

Hay un ranking de universidades basados en criterios que si los aplicamos a la UNNE, quizás no le iría bien. Para mí es una gran injusticia, porque es verdad que en la UNNE no teníamos esos niveles de investigación, ni los niveles de inversión en innovación y desarrollo,  etc. Pero es una forma de medir que creo no le hace justicia. En la UNNE se ha formado un modelo diferente de profesionales que si hubiera una forma de medirlos, la institución sería catalogada como muy exitosa.

 

 

-Se emociona y lo dice con orgullo…

Es que estoy muy orgulloso de haberme formado en la UNNE. Ninguno de mis hijos mayores quiso estudiar medicina, el último –que tiene cuatro meses- probablemente lo haga….si yo tuviera que elegir donde lo mandaría a estudiar, yo elegiría de nuevo La UNNE. Nunca me sentí en déficit con respecto a otros por haberme formado en Corrientes, al contrario.

 

-¿Qué le diría a un joven que está próximo a recibirse y tiene todo el mundo por delante?

La mejor sugerencia es que primero crea en sí mismo. Una clara determinación y una inquebrantable fe en uno mismo es lo que distingue a los ganadores. Segundo, que intente formarse y aprender en el exterior, para después volver. La mayor realización de un ser humano es la capacidad de volver a su tierra y poder transformar la realidad de su gente. Yo intenté hacerlo, no pude por varias razones que son muy largas de explicar, pero me hubiera encantado volver. Hoy  es muy difícil, ya eché raíces afuera. Me siento muy cómodo en Londres, muy seguro profesionalmente y se debe a que conservo mi identidad de correntino. Cuando leen mi curriculum en la previa a alguna conferencia, les pido por favor no se olviden de mencionar lo más importante: que soy de Corrientes, Argentina.

 

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