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El resultado del referéndum por el que los italianos dirán si quieren modificar o no su constitución, el domingo, tiene una importancia para Italia que trasciende la de cualquier reforma constitucional.

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Hace años que el país sufre una crisis que no es sólo económica, sino política e institucional. Los últimos tres gobiernos no surgieron de una votación, sino que fueron impuestos por el ex presidente Giorgio Napolitano.

 

La crisis económica se agudizó con la adopción del Euro, que provocó una disminución del 50% en el poder adquisitivo de los trabajadores, a lo cual se sumaron las políticas de Silvio Berlusconi, Mario Monti y el actual Matteo Renzi, que empobrecieron a Italia al punto que ha empezado nuevamente el fenómeno de la emigración masiva, especialmente de jóvenes, hacia otros países, incluida la Argentina.

 

La falta de crecimiento económico es principalmente consecuencia de las políticas laborales, de despidos masivos de empresas que cerraron sus actividades por quiebra o por localización en otros países, de las reformas jubilatorias de Monti, quien dejó sin jubilación ni sueldo a miles de empleados que habían adherido a planes de retiro voluntario con la legislación previa; a la denominada Job Act —así bautizada por Renzi— que facilitó los despidos, especialmente de empleados con antigüedad, y su recontratación con sueldos reducidos a la mitad.

 

Hace años que la compra de alimentos arroja índices negativos, situación que no se registraba desde la Segunda Guerra.

 

Además, el tratado de Maastricht de 1997, que obliga a las naciones de la Unión Europea a mantener el déficit por debajo del 3% del PBI, impide al Estado gastos sociales que serían necesarios para hacer frente a la crisis y afecta sobre todo las áreas de la salud, educación e investigación. A este triste cuadro se agrega la inmigración masiva desde los países árabes y los terremotos, ambos problemas que representan jugosos ingresos para las mafias, profundamente vinculadas con el poder político.

 

El referéndum del 4 de diciembre es fundamental para el actual primer ministro Renzi, ya que se apoya sobre la reforma Boschi, una ministra clave de su gabinete, que hace un mes dio una gira por América latina disfrazada de misión diplomática, pero con la intención de promover la reforma.

 

La reforma, si bien incluye la desaparición del Consejo Nacional de Economía y Trabajo (CNEL) —un organismo obsoleto y faraónico que en sus 61 años de vida produjo sólo 14 decretos—, esconde otras cláusulas extremadamente peligrosas para el país.

 

La reducción de senadores conlleva la perspectiva de transformar al Senado en un organismo completamente sometido a la Cámara de Diputados, donde por efecto de un decreto conocido como Italicum, un partido con sólo el 40% de los votos multiplicaría su poder hasta una mayoría absoluta y eliminaría de hecho a la oposición.

 

Además, la reforma contiene cláusulas aprobadas únicamente por el partido que posee la mayoría actualmente y que no fueron elaboradas por el organismo constituyente; están escritas en un estilo difícil de comprender y que deja mucho margen para interpretaciones arbitrarias.

 

Hace poco tiempo, el canal 7 de televisión, independiente, reveló el consejo de un banco multinacional que sugería cambiar la Constitución, por considerarla socialista ya que contiene muchas normas sobre los derechos laburales y welfare .

 

Los supuestos ideales de la reforma, en realidad, condicen con las características de la Unión Europea actual, una unión casi exclusivamente financiera y lejana a las ideas de un grupo de intelectuales relegados por Mussolini a las isla de Ventotene, que en 1943 editaron el “Manifesto para una Europa libre y unida”, que soñaban con una Europa de los pueblos y no de los bancos.

 

Por eso Renzi, para seguir su política de relato y aumentar desmesuradamente su poder, necesita ganar la actual consulta y el éxito del “Sí. Desesperadamente tiene una occupaccion de los principales medio italianos casi a diario y ademas escribiò una carta a todo los votantes en el exterior utilizando datos privados que fueron negados a los representantes del frente del No que quierian tener el mismo derecho de informar los milliones de votantes en el mundo .

 

En caso de derrota, Renzi resignaría su mandato ( o por lo menos lo prometiò ) y abriría la puerta a elecciones que prevén un triunfo del Movimiento 5 Estrellas, una agrupación independiente gestado por el ex cómico Beppe Grillo, que ya maneja diferentes ciudades, incluida Roma , con resultados bastantes negativos hasta ahora .

 

Sería el fin de una Segunda República, nacida en los 90 como fruto de la limpieza política de la operación “Mani Pulite”, que lamentablemente no fue suficiente y parió un sistema más parecido a un virreinato que a una democracia.

 

(*) Corresponsal del diario “Il Fatto Quotidiano” de Roma

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