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Mientras el Cabo Principal Enfermero Marcelo Morales cumple funciones sanitarias en la Base Antártica más antigua en operaciones del país, la distancia provoca en él sentimientos de arraigo patriótico. Galería de imágenes.

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El Cabo Principal Enfermero Marcelo Ariel Morales ingresó a la Armada Argentina el 2 de febrero de 2004 con la intención de nutrirse de experiencias nuevas, a fin de forjar su espíritu y su conocimiento.

 

Proveniente de San Cayetano, una pequeña localidad situada en el departamento Capital de la Provincia de Corrientes, decidió ingresar a la Escuela de Suboficiales de la Armada motivado por las historias de su padre retirado, el Suboficial Primero Servicios VGM Marcelino Morales quien, siendo Cabo Segundo, participó del conflicto del Atlántico Sur destinado en el Batallón de Vehículos Anfibios Nº 1 (BIVH).         

 

“Las vivencias que mi padre contaba, motivaron mis sentimientos de querer ser un marino”, dice el Cabo Primero Morales. “En ese entonces, mi padre, mi madre, Sara Cabral y mis cuatro hermanos, dos varones y dos mujeres, entendieron y apoyaron con firmeza la decisión”, agrega.

 

Hoy, con 30 años, transita su última etapa de estadía en la Base Antártica Orcadas como encargado de la Sanidad del destino junto al Teniente de Fragata Médico Alejandro Carbó, antes de ser relevado por la próxima dotación durante la Campaña Antártica de Verano 2016/2017.

 

Mientras tanto su labor allí se basa en “resolver las problemáticas en salud conjuntamente con el médico” de una dotación compuesta por 16 hombres: once de la Armada, tres de Fuerza Aérea Argentina y dos del Instituto Antártico Nacional. Pero, Marcelo aclara que no dejan de lado, a su vez, la educación sanitaria “que se desarrolla para concientizar al personal”.

 

Otra tarea que desarrolla es la de Encargado Ambiental de la Base en la que, a partir de normas establecidas en el Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente (Protocolo de Madrid), “se elaboran tareas y cumplimientos sistematizados con el fin de proteger el Medio Ambiente”, manifiesta el Cabo Principal Marcelo Ariel Morales.

 

Si bien la función sanitaria la llevó a cabo en todos los destinos a los que fue designado desde su egreso, la Base Orcadas es un destino especial. “Este destino, manifiesta, ha despertado en mí un sentido de pertenencia debido a que se experimentan valores de tipo emocional que están ligados a valores patrios y tradiciones marineras. Izar la bandera nacional en esta Base Antártica,  a 1501 km al sudeste de la ciudad de Ushuaia, es una de las experiencias más lindas que he podido vivir a nivel profesional junto al hecho de haber podido navegar por esta zona”.

 

El trabajo diario inicia alrededor de las 6 de la mañana, después se iza el pabellón y se emprenden las tareas de investigación y de mantenimiento de la base que está conformada por varias edificaciones, algunas con historia centenaria como la Casa o Museo Moneta, que forma parte de la red nacional de museos.

 

Pero llegar a formar parte de la dotación exigió, tanto para Morales como para el resto de la dotación, una intensa preparación previa al arribo al continente blanco consistente en un año de adaptación durante el cual realizaron cursos de andinismo, de configuraciones geoterrestres, ejercicios de patrullajes intensos y de cuidado del medio ambiente siguiendo las premisas del Protocolo de Madrid, entre otros requisitos.

 

Como en muchos destinos de la Armada, que están conformados con representantes de las diversas latitudes de Argentina, éste no es la excepción. Así podemos encontrar oriundos de Mendoza, Tucumán, Buenos Aires, Córdoba y Salta; quienes rememoran cada pedacito de su terruño.

 

UN PAISAJE DIFERENTE

La soledad en la isla Laurie del archipiélago de las Orcadas del Sur, donde se ubica la Base Antártica Orcadas, la más antigua en funcionamiento, provoca a veces intensos sentimientos de añoranza.

 

En ese sentido expresa que, “Los recuerdos que más presentes tengo son en mi provincia natal, en la localidad de Mburucuyá, lugar de nacimiento de mi madre, en donde junto a mis hermanos y primos solíamos pasar tardes enteras en los esteros, lagunas, zonas boscosas y el balneario municipal de aquella localidad. Tomábamos mate amargo y comíamos asados, todo lo que a la distancia se extraña”.

 

En Mburucuyá, a 147 kilómetros de la capital provincial, es común apreciar los cultivos de arroz, soja, y mandioca y escuchar a lo lejos algún chamamé. Con sus lomas arenosas, bosques y palmares, esteros, lagunas y ríos de variado cauce es un paisaje totalmente disímil al del continente blanco.

 

Cuando Marcelo regrese al suelo correntino seguramente la primera pregunta que surja será: ¿Y cómo es la Antártida?, a la que deberá responder tratando de describir la inmensidad y el silencio de ese continente desconocido para muchos y develado para pocos.

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    Diorama - Revista de Cultura