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Desde julio de 2016, Carlos “Camau” Espínola se autoproclamó candidato a gobernador de la provincia para las elecciones de 2017, aún sin fecha de realización. Por aquel entonces arrancaba con un 34 por ciento contra un candidato sin nombre de ECO+Cambiemos que sumaba 39 por ciento. Hoy, el senador nacional, escondido detrás de un sello desconocido para evitar su pasado kirchnerista, apenas mide el 30,5 por ciento y candidato oficialista, sea quien sea, se mantiene en el 38.5 por ciento de intención  de voto.

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Después de la derrota del 4 de junio en la capital correntina, donde Camau rehuyó de la “madre de todas las batallas” para refugiarse en la tranquilidad del Senado nacional, su imagen y su construcción política se comenzaron a derrumbar.

 

Si a eso se le agrega la intencionalidad de arrastrar a Fabián Ríos a una nueva derrota política, pretendiendo primero sumarlo a una lista de legisladores nacionales para competir en las PASO de agosto y luego querer “tenerlo” como compañero de fórmula para disputarle a ECO+Cambiemos la gobernación, no solo lo dejaron mal parado por la ambigüedad de las propuestas, sino por la negativa razonable del todavía intendente capitalino.

 

Por otro lado, el silencio del Partido Justicialista conducido por el procesado intendente de Goya Gerardo Bassi, quien intenta torcer la voluntad constitucional e ir por un tercer mandato, es terriblemente desesperanzador para Espínola que ya fue derrotado en las urnas en 2013 aun cuando contaba con todo el aparato político y el apoyo económico del gobierno de Cristina Kirchner.

 

De la euforia de los días previos a la elección comunal en la capital provincial por parte de Bassi, al silencio ensordecedor de la derrota, sin siquiera esbozar la autocrítica de que a Ríos lo dejaron solo cuando desde ECO+Cambiemos el apoyo provincial a Eduardo Tassano y Emilio Lanari fue monumental, el peronismo correntino, otrora aliado incondicional del kirchnerismo, se debate entre la diáspora del “mirar para otro lado” y el “yo no fui” de quienes, ahora pretenden inventar un nuevo frente electoral para ocultar a los amigos de doce años de corrupción, autoritarismo y discriminación.

 

ESTÁ SOLO Y YA NO ESPERA

Nadie puede saber a ciencia cierta si el senador nacional estuvo o no en el acto en el estadio de Arsenal de Cristina Kirchner. Por las redes sociales circularon fotos de Camau en el palco, y no desmintió la especie.

 

De haber estado, en realidad, era una cuestión lógica de lealtad necesaria ante tantos años de ser el “niño pródigo” de Cristina Kirchner. Si no estuvo, puede ser considerada su ausencia como una traición más al espacio que lo llevó al poder en 2009 ocupando la intendencia de la capital provincial como candidato en un partido en el que nunca estuvo bien visto.

 

Con ello, por donde se lo mire, Camau ya no tiene más su propia tropa lograda en los años de la gestión municipal, que dejó deudas, dudas y denuncias por corrupción; además de no haber rendido un solo peso de los millones que ingresaron a las arcas comunales directamente desde Nación, sin pasar siquiera por el Concejo Deliberante.

 

Sin recursos económicos, sin recursos humanos, sin militancia ya que la rentada durante los años dorados del kirchnerismo está lentamente retirándose, incluso quienes siguen fieles al “modelo” lo visualizan como un traidor;. Sin dirigencia provincial, ya que toda la estructura política era prestada del justicialismo, hoy por hoy, Camau se debate entre seguir solo o abandonar una carrera que presagia el final de su vida política.

 

Con intendentes imputados o procesados por la justicia provincial y federal, que miraron para otro lado cuando Ríos se enfrentaba a una maquinaria espectacularmente organizada y dirigida estratégicamente con un objetivo claro; el “niño que nunca fue de oro” empieza a perder incluso pequeñas rencillas domésticas que cuestionan su, cada vez más falso, liderazgo.

 

Pero las cartas están echadas y no hay vuelta atrás. Tuvo la oportunidad de mantenerse en un veranillo palaciego en la Cámara de Senadores de la Nación, en posición casi fetal esperando mejores tiempos, cosa que seguramente hará tras la derrota electoral que lo espera a fin de año, pero ahora es tiempo de parir y lo más seguro es que sea doloroso y sin un final feliz.

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