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Es la imagen que dio en su primera entrevista a un medio desde que dejó la Presidencia. La candidata a senadora rebatió las denuncias en su contra y apuntó a ampliar su base política con un mensaje hacia el abanico antimacrista. 

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(www.clarin.com)  En boca de Cristina Kirchner, fueron los únicos acusados por traición a la Patria en la historia. Con tamaña comparación, la ex presidenta dio muestras en la atípica entrevista que concedió esta tarde de reconocer que para afrontar con posibilidades la carrera electoral de octubre necesitará reconciliarse con el peronismo clásico.

 

En el intento, se escudó en la imagen de una dirigente perseguida por una Justicia presuntamente asociada a oscuros intereses políticos y empresarios. Fue su único medio de defensa frente a las acusaciones por haber firmado el pacto con Irán (de allí la alusión sobre la "traición a la Patria") como en las causas por corrupción en las que está siendo investigada, y procesada en tres de ellas.

 

Otro de los mensajes para seducir a votantes -y dirigentes- del PJ que le dieron la espalda en las PASO de agosto, consistió en anticipar que en 2019 "no será obstáculo" para la unidad de la oposición. Casi una involuntaria confesión de que algún aporte hizo para que las tribus antimacristas luzcan divididas.

 

 

De hecho, armó el frente Unidad Ciudadana sin el concurso del justicialismo, al que acaba de convocar por carta a la reunificación para que la apoye en octubre por haber sido la más votada, frente a la posibilidad cierta de que la lista de senadores de Cambiemos consiga revertir el apretado resultado de las primarias. "Ni de izquierda, ni de derecha, soy peronista", se autodefinió.

 

Con todo, dio pocos resquicios para recuperar la confianza de los que tomaron distancia del kirchnerismo. De su gestión admitió un sólo error: el tono crispado en alguna de sus 124 cadenas nacionales. En cambio, repitió el mecanismo de acusar a otros para deslindar responsabilidades frente a los graves casos de corrupción que envolvieron a su gobierno.

 

Sacó a relucir los Panamá Papers o el Correo, para involucrar a Mauricio Macri, y hasta se quejó porque no se sabe "quiénes fueron los corruptores", cuando debió responder por el escándalo de los bolsos de José López. De "la Patria es el otro", muletilla utilizada por las agrupaciones K, a "la culpa es del otro".

 

De todos modos, se esforzó por exhibirse como la carta fuerte, casi excluyente, para liderar la oposición a Cambiemos. A Macri lo asoció a un ajuste económico impiadoso y hasta con la amenaza de instalación de un régimen autoritario. Fue cuando dijo que si en Venezuela se deterioró el Estado de derecho, en la Argentina "no hay Estado de derecho".

 

Por momentos pareció vestirse con piel de cordero, como en el súbito viraje de estilo que practicó durante la campaña de las primaras. En otras, sacó a relucir su habitual tono imperativo.

 

Una Cristina que dejó en el aire más interrogantes que respuestas.

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