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Los trabajadores y directivos del organismo que lidera Lorena Lazaroff se prepararon y recibieron con mucho entusiasmo a los alumnos de Jardín de Infantes del colegio Ntra. Sra. de la Misericordia en lo que significó la celebración de la costumbre popular Ángeles Somos. Los pequeños que sorprendieron a los afiliados que estaban en el hall del Instituto llegaron con sus canastas que fueron cargadas con caramelos y dulces como indica la tradición.

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Acompañados por padres y docentes, decenas de jardineritos del Jardín de Infantes del colegio Ntra. Sra. de la Misericordia se llegaron hasta el Instituto de Previsión Social para vivir de manera colorida la costumbre arraigada de Ángeles Somos que año tras año gana mayor atención y se impone sobre otros festejos foráneos que lejos están de la identidad correntina.

 

Con mucho entusiasmo y canastas vacías pero llenas de ilusiones, los pequeños "coparon" el hall del organismo provincial recibiendo el afecto de todos los presentes y fundamentalmente de los trabajadores y directivos que esperaban al contingente de alumnos a quienes retribuyeron la visita cargando de dulces y globos sus pequeñas canastas.

 

Ángeles Somos es una costumbre que aún perdura, el cual consiste en que los niños se disfrazaran de angelitos, y recorrieran las casas intercambiando bendiciones por algún dulce. “Ángeles Tomos, del cielo venimos, trayendo regalos. Colación, colación, su bendición”; “Ángeles Tomos, ángeles Tomos, venimos a pedir colación y rogamos tu bendición”, “Ángeles Tomos, del cielo bajamos, pan queremos, ¿hay por quién rezar en la casa?”, distintos versos que los niños entonaban al tocar a las puertas de las casas. Los versos que se recitaban al visitar cada uno de los hogares varían de acuerdo con las costumbres del lugar, y muchas veces a las deformaciones propias de la transmisión a través de la tradición oral (Ejemplo: Somos-Tomos) Pero tenían en común dos elementos: las bendiciones y las golosinas o “colaciones”.

 

La tradicional fiesta para los niños, quienes recogen golosinas y las intercambian por bendiciones tiene muchísimos años. Si bien en localidades pequeñas todavía se conserva, en las ciudades más grandes apenas los abuelos recuerdan la emoción que les producía la llegada del 1 de noviembre.

 

 

 

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