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Cristina Kirchner no será admitida en el bloque del PJ cuando ingrese al Senado a partir de diciembre próximo. Así se lo hizo saber, en reiteradas oportunidades, el jefe de esa bancada, Miguel Pichetto (Río Negro), a varios emisarios que la ex presidenta envió para negociar los términos de su regreso a la Cámara alta.

() De esta manera, el rionegrino le anticipó a su adversaria política que deberá armar un bloque propio con el grupo de seguidores que tiene en el Senado. La concreción de la fractura peronista es, entonces, cuestión de días.

 

"Sólo resta definir el momento oportuno", explican en las cercanías del líder de la mayoría opositora.

 

La ex presidenta sabe que tiene bolilla negra del peronismo de la Cámara alta aún antes de que las urnas confirmaran su derrota a manos de Cambiemos en la elección en suelo bonaerense.

 

En la semana previa al 22 de octubre, un enviado de la ex jefa del Estado se reunió con Pichetto en el despacho que el jefe del bloque del PJ tiene en el segundo piso para transmitirle el deseo de Cristina Kirchner de incorporarse "como una senadora más" a la bancada y evitar una fractura que podría arrebatarle al peronismo su condición de mayoría en la Cámara alta.

 

El alegato no conmovió a un Pichetto que no se cansa de responsabilizar a Cristina Kirchner, en cuanta oportunidad tiene de hablar, de haberle facilitado al Pro alcanzar un nuevo triunfo en territorio bonaerense en dos elecciones consecutivas.

 

"Ella es la expresión de otro proyecto y tiene que armar su propio bloque", coincidieron las fuentes consultadas en señalar que fue la tajante respuesta que recibió el enviado kirchnerista de parte del senador rionegrino.

 

Las razones por las que Pichetto, con el aval de varios gobernadores peronistas, decidió cerrarle la puerta a la ex presidenta ya son de público conocimiento. El rionegrino ve en el kirchnerismo una expresión de posturas más cercanas a la izquierda de los grandes centros urbanos que a la posición de centro que, sostiene, tiene que ocupar el peronismo para poder recuperar su atractivo electoral y su condición de alternativa de poder en la Argentina.

 

En ese camino, el senador considera que el PJ tiene que representar los intereses de los sindicatos y de los gobernadores peronistas, su principal fuente de poder en estos momentos, y no correr detrás de los devaneos ideológicos de la ex presidenta. Para cumplir ese objetivo, el peronismo debe mostrarse como una oposición constructiva que mira hacia el futuro y no obstructiva, como la que ha ejercido el kirchnerismo desde diciembre de 2015.

 

El rionegrino no sólo rechazó las ofertas de unidad de los enviados de la ex presidenta. También se encargó de rechazar los cantos de sirena de conducir una gran mayoría opositora con los que buscó tentarlo el misionero Maurice Closs, quien le propuso sumar a su Frente Renovador de la Concordia a un bloque del PJ ampliado que también contuviera al kirchnerismo y, por lo tanto, a la ex presidenta.

 

En este escenario, es cuestión de días para que Pichetto y sus seguidores decidan cruzar el Rubicón que termine separando a kirchneristas de peronistas en la Cámara alta. La única duda por estas horas es saber cuántos tirios quedarán de un lado y cuántos troyanos del otro.

 

A priori, Cristina Kirchner quedaría al frente de una bancada que podría llegar a los 10 miembros. Se sumarían a un eventual bloque de Unidad Ciudadana Marcelo Fuentes (Neuquén), Anabel Fernández Sagasti (Mendoza), Ana Almirón (Corrientes), María de los Angeles Sacnum (Santa Fe), María Pilatti de Vergara (Chaco), Nancy González (Chubut) y Ana María Ianni (Santa Cruz), que asumirá su banca el próximo 10 de diciembre.

 

A ellos, se podrían sumar Mario Pais (Chubut) e Inés Blas (Catamarca). El primero, es un kirchnerista moderado, lo que lo diferencia de los seguidores de la ex presidenta, y tiene para perder el sitial que ocupa en el Consejo de la Magistratura en caso de abandonar el bloque. La catamarqueña, en tanto, es una kirchnerista convencida, como su gobernadora, Lucia Corpacci. Sin embargo, las necesidades de caja de su provincia podrían pesar más que sus convicciones ideológicas a la hora de tomar partido en esta pulseada.

 

Pichetto, en tanto, se quedaría con la porción más grande del divorcio. La cifra oscila entre los 22 y 24 senadores. Un número respetable que el rionegrino pretende engrosar construyendo un interbloque con miembros de la diáspora peronista que dejaron 12 años de kirchnerismo. Ya hay negociaciones en ese sentido con Carlos Caserio (Córdoba), Alfredo Luenzo (Chubut), Juan Carlos Romero (Salta) y hasta con Adolfo Rodríguez Saá, quien volvió a recuperar su sex appeal político luego de revertir los 19 puntos de desventaja que había sufrido su candidatura en las primarias.

 

Muchos de estos senadores y algunos gobernadores, como Carlos Verna (La Pampa), han puesto la exclusión de Cristina Kirchner como condición para sumarse a un peronismo ampliado. En pocos días más, ése pedido se hará realidad.

 

Fuente: La Nación

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