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La Mesa de Trabajo sobre Discapacidad y la delegación Corrientes del Instituto Nacional contra la Discriminación, Xenofobia y el Racismo (INADI) brindaron esta semana una charla sobre “Buenas prácticas en la comunicación pública”,  destinada a periodistas y estudiantes de Comunicación Social, con eje en la temática “Discapacidad”.

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La jornada tuvo lugar en la Casa del Periodista de Corrientes, con la capacitación de la Licenciada María Inés Pacheco y el Asistente de Prensa del INADI, Diego Cazorla. En la ocasión, comunicadores y estudiantes recibieron información acerca de las pautas en comunicación para incluir a los grupos vulnerados en sus derechos.

 

Es que en la actualidad las personas con discapacidad son invisibilizadas por la falta de una atención adecuada, o bien, porque socialmente no responden a los estereotipos de normalidad. En lo cotidiano y a simple vista, se pueden observar dos actitudes que se repiten generalmente respecto de la discapacidad: la primera es la total indiferencia y la segunda, una visión parcial del individuo.

 

Los medios de comunicación presentan muchas veces a la persona con discapacidad como un héroe. Al considerarlas como personas especiales, se parte de un enfoque caritativo y victimizador. Este tipo de mirada contribuye a dar continuidad, e incluso fortalece, a los prejuicios y estereotipos que están en la base de la discriminación.

 

Un cambio en la mirada sobre la discapacidad

 

Los estándares internacionales para un tratamiento no discriminatorio de la discapacidad señalan que se debería entender a la discapacidad como el resultado de la interacción entre las personas con deficiencias y las numerosas barreras que existen en la sociedad.

 

Se trata de instalar un nuevo paradigma desde el cual la discapacidad existe solo si una persona con una determinada deficiencia no puede realizar alguna actividad. Por tanto, cada uno desde su lugar tiene la responsabilidad de eliminar estos obstáculos.

 

Por ejemplo, si una persona con discapacidad auditiva necesita obtener una información en un noticiero por televisión y este tiene subtitulado oculto (CC) y/o intérprete de lengua de señas, en ese momento esta persona no es una persona con discapacidad.

 

Esta nueva visión se sustenta en la idea de que la desigualdad no se resuelve con bondad, sino con justicia. La igualdad de derechos implica la no jerarquización de las condiciones humanas. No hay una persona que sea más persona que otra. ¿Acaso alguien que no puede ver es menos que una que puede? O un joven que no escucha y utiliza para comunicarse la lengua de señas, ¿es menos que otro joven que sí oye?

 

El nuevo paradigma o modelo social sobre discapacidad está construido desde la perspectiva de los derechos humanos, y se centra en la dignidad propia del ser humano. De esta forma, las diversas discapacidades (físicas, mentales, intelectuales y sensoriales) son consideradas como una característica más dentro de la diversidad de la población. De hecho, la diversidad es algo que caracteriza a la humanidad. Se contrapone así a los modelos anteriores ya descriptos, que todavía hoy en algunos sectores predominan, los cuales consideran a la persona con discapacidad no como sujeto de derecho sino como objeto de conmiseración (modelo tradicional) o como paciente y objeto de cura y rehabilitación (modelo médico).

 

Marco normativo del nuevo paradigma

 

El presente informe está basado en los lineamientos de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (aprobada como ley nacional en el 2008) y en la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF), establecida por la Organización Mundial de la Salud en 2001. Ambas normativas se enmarcan en un cambio de paradigma que deja de percibir a la persona con discapacidad como objeto de asistencia para hacerlo como sujeto de derechos. Como se dijo, este importante cambio de mirada deja atrás un modelo tradicional, donde el problema pasaba por la persona que tenía una deficiencia, sustituyéndolo por un modelo social, donde el problema pasa por el entorno que impone barreras y obstáculos que impiden la participación plena y efectiva de las personas que tienen alguna deficiencia.

 

El rol de los/as comunicadores/as en torno a esta problemática

 

Sobre las personas con discapacidad existen mitos, prejuicios y tabúes que se instalan como obstáculos para la real inclusión de este grupo. Trabajar desde la comunicación para derribar estas barreras es favorecer su inclusión en la sociedad y a la vez concientizar en torno al respeto y la valoración de las diferencias.

 

Es necesario que los/las comunicadores/as puedan desarticular el discurso estigmatizante que subsiste en el lenguaje cotidiano, que tiende a instalar y naturalizar un sentido común respecto de las personas con discapacidad como menos válidos. Asimismo, conocer el lenguaje y la perspectiva adecuada para referirse a este grupo social, establecidos en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (Ley Nacional N.° 26.378/08) y en la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF), establecida por la Organización Mundial de la Salud en 2001.

 

A tales efectos, el INADI recomienda:

 

- Utilizar la palabra discapacidad

 

Como consecuencia de la carga negativa que conlleva la palabra discapacidad, esta se ha querido reemplazar con expresiones como persona excepcional, persona con capacidades diferentes, persona con necesidades especiales, etc. Terminología eufemística que no recomendamos utilizar, ya que invisibiliza a la persona con discapacidad al emplear vocablos alejados de la realidad.

 

Hablar de capacidades diferentes puede llevar a pensar en determinadas características sobresalientes, no habituales, incluso sorprendentes, a la vez que subraya la diferencia partiendo de un criterio de normalidad en cuanto al uso de las capacidades humanas. Por ello, aun queriendo ser inclusiva, resulta ser una expresión que no ayuda a pensar en la diversidad como algo propio del ser humano.

 

Tampoco el concepto de necesidades especiales nos ayuda a pensar en términos inclusivos, ya que, en uno u otro sentido, todos los individuos tenemos necesidades particulares que hacen a nuestra singularidad.

 

 

- Priorizar el concepto de persona

 

Es habitual que se aluda a discapacitado/a, dándole un sentido de totalidad a algo que es solamente una característica o cualidad. Por esto es necesario referir a persona con discapacidad, terminología que permite cuidar la individualidad del sujeto y ubicar a la discapacidad en su rol de cualidad, que no agota ni define todo lo que un sujeto es o pueda llegar a ser.

 

Es necesario que la terminología utilizada comunique que las personas con discapacidad son, ante todo, personas que viven, sueñan, estudian, piensan, trabajan, tienen familia y son parte de un todo. No son solo su silla de ruedas, su audífono, su bastón, su forma diferente de expresarse.

 

Se recomienda entonces utilizar la denominación persona con discapacidad en lugar de discapacitado/a, así como también mencionar la deficiencia: persona con problemas de visión o discapacidad visual, persona con problemas de audición, persona con discapacidad intelectual, etc.

 

En el caso de hablar de una persona con discapacidad visual, no se recomienda referir a un/a no vidente, ya que evoca a una persona que no puede predecir el futuro antes que a alguien con dificultad en la visión.

 

Tampoco utilizar términos como incapacidad o invalidez, ya que conllevan una carga peyorativa al implicar la idea de una persona que no es capaz o que no es válida.

 

 

- Desterrar la actitud paternalista

 

La actitud paternalista comunica el sentirse superior, en posición de dar algún tipo de protección. Muchas veces en la vida cotidiana y en los medios de comunicación es habitual encontrar la actitud compasiva (“pobrecitos”) o el posicionamiento en una actitud de dádiva o benefactora.

 

Es frecuente escuchar en los medios expresiones como “¡mirá qué ejemplo: se recibió de abogada y es ciega!” o “¡se animó a venir a cantar y es paralítico!”. Esta actitud niega la condición de sujeto que tiene derecho a tener la mayor autonomía posible, a recibir el mismo trato respetuoso y ser reconocido en sus derechos, cualesquiera sean sus cualidades.

 

En este sentido, es necesario ver la problemática desde una perspectiva de derechos y actuar conforme a ella.

 

 

- No estigmatizar a las personas que tienen alguna deficiencia como personas que sufren o padecen

 

No se deberían utilizar términos negativos como padecer, sufrir, estar afectado/a por, ser víctima de. Estos términos proceden de la presunción de que una persona con una deficiencia de hecho sufre o experimenta una disminución en su calidad de vida. Cuando se describe a una persona que tiene una deficiencia, se debe usar un lenguaje neutral. No todas las personas con una discapacidad sufren; tampoco se encuentran en posición pasiva de víctima o de ser/estar afectado.

 

Sugerimos utilizar el verbo tener; por ejemplo: tiene discapacidad visual.

 

No utilizar en sentido descalificatorio –ni siquiera en chiste– aquellas palabras que refieren alguna deficiencia. Por ejemplo, términos como autista o esquizofrénico son usados a menudo con el objetivo de descalificar.

 

Descartar de llano términos como “mogólico” o “retrasado”.

 

- Promover una comunicación accesible

 

Se debe comunicar atendiendo a las posibles discapacidades, limitaciones o impedimentos del público receptor del mensaje. Por ejemplo, tanto en el diseño de una página web como en el de una en cuenta que habrá personas que no podrán ver una imagen (.gif, .jpg, .png, etc.). Por eso, es necesario suministrar la información de modos alternativos, ya sea describiendo la imagen o con formato solo texto. Si se habla para un auditorio, se ha de tener en cuenta la presencia de un intérprete de lengua de señas; y si se emite un video, debe estar subtitulado.

 

Sugerencias de interacción que es relevante difundir: cómo comunicarse de modo natural con las personas con discapacidad

 

Algunos ejemplos de cómo interactuar en una situación de comunicación:

 

Si la persona tiene una discapacidad sensorial (auditiva): preste atención y pregúntele qué modalidad o forma de comunicación necesita; hable mirándola a la cara (es muy probable que sepa leer los labios); evite colocarse a contraluz, pues su cara debe estar iluminada para que pueda verle los labios; háblele pausadamente en forma clara y natural (evite exagerar el movimiento de los labios o silabear); no se lleve las manos a la boca (evite masticar o fumar mientras se dirige a ella).

 

Si el mensaje es breve y hay que comunicarle cifras, direcciones o nombres propios, pregúntele si los prefiere por escrito. Recuerde también que para estas personas es muy difícil seguir e incluso participar de una conversación en un grupo numeroso, ya que no es posible mirar el movimiento de los labios de todos al mismo tiempo.

 

Si quiere colaborar con ella, colóquese de frente y repítale lo que los demás dicen labializando el mensaje. Comuníqueles, a su vez, a las demás personas la necesidad de pausar o ralentizar las intervenciones para facilitar una mejor reformulación y transmisión del mensaje.

 

Si la persona tiene discapacidad sensorial (visual): identifíquese ante la persona; si se la está orientando, no se le ofrezca información visual; hable normalmente sin levantar la voz; pregúntele siempre de qué manera puede ayudarlo; hable directamente con la persona sin recurrir a terceros.

 

Si la persona tiene discapacidad intelectual: utilice un lenguaje claro y sencillo; divida la frase en partes, si contiene una idea compleja, para facilitar la comprensión; no hable de forma infantil (a no ser que se trate de un niño pequeño); tenga paciencia y respete los tiempos del otro.

 

Si la persona tiene discapacidad motora (ej., se encuentra en silla de ruedas): al hablar ubíquese a la misma altura de la persona (puede ser sentándose en una silla o quedándose de pie y guardando cierta distancia con el fin de que la persona no tenga que forzar su cuello para mantener el contacto visual).

 

 

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