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En 2011, la ex presidenta Cristina Kirchner en los actos de reparación de "media vida" del ARA San Juan. No duró lo que prometió.

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(@luisgasulla; www.periodismoypunto.com.ar) Millonarias reparaciones mal hechas. Desguace en Tandanor. Privatizaciones disfrazadas de estatismo nacional y popular. Contratistas amigos. Ineficacia política e indiferencia del PRO tras años de saqueo. Por qué la corrupción volvió a matar.  

 

En el año 2005, el diario Página 12 titulaba “Disputa por 450 millones en barcos”. El periodista Miguel Jorquera, en una extensa y rica investigación, describía la interna política detrás de una mentirosa reestatización de Tandanor (Talleres Navales Dársena Norte SA) y acuerdos con Venezuela gobernada por Hugo Chávez para construir seis buques transportadores de 47 mil toneladas cada uno. Las promesas quedaron en eso. Una vez más, perdía el país.

 

Tras el desguace del Estado durante los años noventa, la concesionaria Inversora Dársena Norte SA (Indarsa) pagaba sólo 7 de los 59 millones de dólares tras su quiebra. Uno de los protagonistas de la historia era un flamante experto en submarinos: el ingeniero Horacio Tettamanti. El gobernador Felipe Solá aplaudía los anuncios de Néstor Kirchner y la Armada festejaba el ingreso de divisas para reparar buques que no navegaban.

 

El Ara San Juan comenzó a repararse a comienzos del kirchnerismo. En el 2011, Cristina festejó el “pato al agua” y los “30 años de vida útil” pero el submarino se sumergió tres años después. A nadie le importó la denuncia del almirante José Oscar Gómez quien, en diálogo exclusivo con Periodismo y Punto, dijo que “lo que encontré era un polvorín de corrupción”. Gómez era jefe de seguridad en el Astillero marplatense hasta que lo destituyeron. Antes había realizado una denuncia administrativa que, ante la indiferencia de sus superiores, presentó en Comodoro Py. Tuvo mala suerte. Norberto Oyarbide lo esperaba con un cajón abierto.

 

Su sucesor, Sebastián Casanello, aún era una tortuga. Gobernaba Cristina Kirchner. Lo mismo le pasó al ex diputado radical Miguel Ginbergia en el 2010. Decía que se habían pagado sobornos por 3 millones y medio de euros por lanchas patrulleras. Para Nilda Garré, ex ministra de Defensa, el “único proveedor posible” para reparar los buques era la alemana Ferrostaal y Hawker. Gustavo Frers era su presidente. Tampoco se preocuparon por los rumores de una cometa del 6% que habría cobrado Osvaldo Parrinella en la Armada. Ferrostaal acumulaba denuncias por corrupción en todo el mundo. De Colombia a Centro América pasando por África.

 

 

LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL Y EL FANTASMA SCHOKLENDER

Tras la derrota del nazismo y la separación de Alemania, el mundo le prohibió a los germanos y a los japoneses de venderle armas al mundo. La creación de una mega empresa internacional armamentística fue el paraguas legal diseñado por los sucesivos gobiernos alemanes. Ferrostaal tuvo filiales en Sudamérica. En la Argentina, uno de los gerentes más destacados se llamaba Mauricio Schoklender. En 1981, tras el asesinato de sus padres, Sergio le contó al inolvidable Enrique Sdrech que, en realidad, a sus padres los había matado un comando vinculado con la venta clandestina de armas. El mayor vendedor de armas mundial, esta vez, era inocente. Los años pasaron y sus vinculaciones espurias con nuestro país afloraron con el kirchnerismo.

 

El proveedor calificado con altas notas por Garré no tuvo nada que ver con la parásita corruptela local. Por ahorrarse unos pesos, al Ara San Juan lo repararon con soldadores no calificados internacionalmente. Según dos ingenieros mecánicos vinculados con Tandanor, se contrataron 28 soldadores sin certificación que se dedicaban al negocio del gas. Algunos venían de la Universidad de San Martín, la de las novelas de Julio De Vido. “Lo soldaron a mano con electrodo”.

 

En la prueba se quebró el material en dos ocasiones. Es como construir una casa con ladrillos o con hormigón armado. La chapa no aguantaba los viajes largos y a grandes profundidades. En 3 años, el Ara San Juan realizó sólo cuatro viajes de más de 500 kilómetros. No se utilizó la técnica de “atmósfera inerte”. Una filtración es letal para un submarino. Los arreglos se sobrefacturaron. La radiografía interna no dio los resultados esperados pero el ARA SAN JUAN debía ser presentado en sociedad. Si la filtración es hallada se produce el “descarmiento” correspondiente para subsanar el error. No fue el caso. La historia sumaba otro capítulo negro. Desde 1983 que las Fuerzas Armadas eran sinónimo de mala palabra. La dictadura había hecho lo suyo pero la democracia no supo, no quiso o no pudo solucionar el problema.

 

El ministerio de Defensa estuvo dirigido por agrónomos, doctores, abogados, paracaidistas varios y por Garré. El combo perfecto. La indefensa de nuestra soberanía ya era total. Los 17 millones y medio de dólares diarios que se invierten para encontrar a los 43 hombres y a la mujer que formaban parte de la tripulación, implican una muestra de solidaridad internacional inédita (y una apuesta de sus países para revaluar sus buques y minisubmarinos).

 

Mientras tanto, el gobierno actual se debate entre investigar a fondo la red de corrupción de los últimos 12 años con un serio inconveniente. Como en la obra pública y en los eternos contratistas ganadores,  liberales en el discurso pero estatistas en las prácticas, también puede encontrar la participación minoritaria en ciertos negocios en Tandanor de los tentáculos del Grupo Socma.

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