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La prohibición de la venta de alcohol en los bailes de recepción de quienes terminan su colegio secundario, mal impuesto por el municipio de la capital correntina, violando incluso el derecho de los mayores de edad, llevó a jóvenes a extremar el ingenio para consumir, en teoría, al menos un trago. Hasta ahora solo ha servido para encarecer los eventos ya que la ingesta de alcohol no solo no disminuyó, sino que según los propios jóvenes ha aumentado.

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A partir de una nota realizada por los colegas de www.radiodos.com.ar, que trata el tema y finaliza con preguntas, la idea es comenzar al revés. Tratando de responder a estos esas interrogantes que dejan flotando quienes escribieron la nota mencionada, que se puede encontrar en este link. www.radiodos.com.ar/notix/noticia/100885_extreman-el-ingenio-para-ingresar-alcohol-en-las-fiestas-de-egresados.htm.

 

¿Sirve de algo la prohibición absoluta? ... ¿Los padres saben y/o avalan esta metodología?... ¿Los empresarios pueden seguir organizando estos eventos sin la posibilidad de vender bebidas alcohólicas de manera controlada?... ¿Se solucionan las cosas prohibiendo la venta, con chicos tomando en la vereda de la fiesta?... Muchos interrogantes...

 

Estas son las preguntas que en realidad, nos hacemos todos cuando no entendemos como se prohíbe el consumo total de alcohol en una fiesta de egresados en algún lugar de la Costanera Sur, mientras enfrente, a pocos metros de allí, la prohibición no rige para los boliches, donde hay en su gran mayoría, mayores de edad, que pasaron por los mismos eventos escolares, tal vez en la misma noche.

 

¿Sirve de algo la prohibición absoluta? Está demostrado que no y no solo en Corrientes, sino en todas las oportunidades en que se ha implementado, incluyendo la histórica ley seca estadounidense, que dio lugar al incipiente negocio de una de las mafias más famosas del mundo.

 

Las prohibiciones absolutas no sirven, justamente porque no dejan ningún resquicio para evitar que, por el contrario, se vuelvan un intento de experimentar modos y maneras de violentarla; cosa que de hecho ocurre y le viene ganando sistemáticamente a la medida impuesta por el gobierno.

 

Incluso hay quienes aseguran que la ingesta a aumentado, como ha aumentado el precio de las bebidas en los quioscos cercanos al lugar donde se desarrollan las fiestas. Tampoco ha disminuido el conducir automóviles con graduaciones superiores a lo permitido. No dio resultado el intento casi efímero de premiar a conductores designados y solo se ha logrado hasta ahora, el incremento en el costo de las fiestas para las familias de los egresados.

 

Frascos de perfume, tubos de ensayo y otras argucias sirven para que en pleno baile algunos consuman vodka, ginebra y otras bebidas, sobre todo blancas e incluso algunos jóvenes, los más rebeldes y más desafiantes, se animan a esconder las botellas.

 

¿Los empresarios pueden seguir organizando estos eventos sin la posibilidad de vender bebidas alcohólicas de manera controlada? No, porque solo se ha logrado encarecer el precio no solo de las entradas sino de la organización. Bien valdría la pena, negociar un sistema de cupo de consumo que permita, vender dentro del evento, pero llevar una manera de registro de a quien le venden y cuánto. Un chip en una pulsera de ingreso y un lector en la barra tal vez resolvería el problema.

 

Pero es más fácil prohibir que pensar. Por lo menos eso parece para los concejales que aprobaron esta medida, sin tener en cuenta no solo el contexto, sino también que alguna vez, por lo menos alguno de ellos; terminaron la secundaria.

 

Sin embargo, el kirchnerismo abolicionista, pero reclamador a otros de garantizar derechos;

Garantizó verdaderamente la discusión que merece un debate social serio y concreto que merece esta decisión de prohibir la venta de alcohol en las fiestas de recepción.

 

¿Se solucionan las cosas prohibiendo la venta, con chicos tomando en la vereda de la fiesta? Un NO rotundo y esa además es la demostración más cabal de la inoperancia de quienes pretenden ser duros en los papeles e inservibles en las acciones.

 

La ordenanza habla de las fiestas de egresados, no de los espacios públicos circundantes y menos de los boliches cercanos. Y que no digan que no se vende alcohol en los quioscos porque saben y se sabe que eso es no solo imposible de controlar, sino que además, es imposible de sostener ya que no hay controles y aparentemente tampoco voluntad de hacerlo.

 

Obviamente esta gestión comunal se va, gacha, perdida y sin autocrítica, sin poder resolver más nada y solo terminando haciendo más perjuicios para hacer inhabitable la ciudad, dejándola prácticamente a la deriva desde que perdieron las elecciones comunales y más aún desde que perdieron las provinciales.

 

Posiblemente ahora, con un gobierno más abierto a la comunidad; con un ejecutivo que escuchará para actuar en consecuencia; el debate se abra y se pueda llegar a un punto de equilibrio que verdaderamente sirva. Lo hecho hasta ahora, solo fue como todas las gestiones kirchneristas; puro cartón pintado.

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