Los últimos días de Natacha Jaitt: una máquina de denunciar obsesionada con los abusos en el fútbol. Se convirtió en una denunciante serial y sacudió a la farándula con sus dichos. Pero muchas de acusaciones jamás se pudieron probar.

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Natacha Jaitt había entendido el juego de twitter: sabía que en la red social del exceso y la incongruencia podía moverse con soltura. Tirar una bomba y otra más y evitar el costo de que todo lo que dijera, como ocurrió muchas veces, resultara incomprobable.

 

Pero es concreto también que en los dos últimos años se había involucrado con una historia de fuerte impacto público y había tenido que acudir a la Justicia para abonarla. Marginada de los medios después del escándalo por un supuesto flirteo con Diego Latorre, se había convertido en una habitante de los circuitos de la noche de tiempo completo y en una tiradora serial de denuncias en 280 caracteres. Denuncias que terminaban con un hashtag: ConloschicosNo.

 

Desde sus comienzos, en el verano de 2018, el caso de los abusos en las inferiores de Independiente, la había obsesionado. La historia empezó cuando las autoridades de la pensión juvenil del Club de Avellaneda acudieron a la Justicia para denunciar lo que habían detectado: que varios de los chicos que allí vivían, a menudo salían desde Villa Domínico para tener sexo con adultos en departamentos de Palermo y la zona norte. Había una supuesta red de pedófilos y abusadores con la fauces listas para devorar a las víctimas menores de edad que eran captadas dentro de los límites del lugar. Les pagaban con cargas de la tarjeta SUBE, calzoncillos y pasajes para viajar al interior a ver sus familias, llegó a revelar la fiscal de Avellaneda, María José Garibaldi en el momento de mayor conmoción.

 

La historia no necesitaba más condimento para ser dramática. Pero una noche de sábado, en la mesa de Mirtha Legrand, Natacha Jaitt encendió la mecha y explotó todo. Todavía no está claro que hacía la mediática esa noche ahí. O sí. Pero lo cierto es que frente a la diva de los almuerzos televisados, Jaitt terminó de sellar el rumbo de sus últimos días: dio nombres y apellidos de empresarios, de políticos y de famosos que según ella estaban detrás de la red de violadores. El caso de los abusos saltó a los programas de TV de la tarde. La fiscalía de Avellaneda se colmó de cronistas. Legrand pidió disculpas por los excesos verbales de Jaitt. Y la Justicia, como no podía de ser de otro modo, la citó a declarar.

 

 

Uno de los investigadores del caso, quizás el más importante, señala que los testimonios de Natacha Jaitt (fueron tres declaraciones) no resultaron elementos probatorios relevantes en esa causa. Más llano, que finalmente la Justicia no pudo determinar que las personas sobre todo famosas mencionadas por Jaitt fueran parte de una red de pedofilia. “Sus dichos en general no fueron confirmados por otros medios, pero se chequeó cada una de sus palabras. Y no fueron declaraciones que no sirvieron para nada”, dice el experto. “Se van a considerar al tiempo de la elevación de la causa a juicio y permiten ponderar el inicio de otra investigación que se iniciará formalmente al cerrar la instrucción de la primera en marzo posiblemente”, cierra en estricto off el funcionario. (La investigación próxima sería la de por lo menos 20 nuevas denuncias de abuso en diferentes clubes de la Provincia de Buenos Aires)

 

No hicieron caer ni a famosos ni a poderosos, es cierto, pero los dichos de Jaitt condujeron a departamentos y personajes, a celulares y escuchas, a personajes del submundo de la noche que se mueven en las orillas del delito. Los investigadores de Avellaneda, a partir de Jaitt, terminaron de certificar pistas que ya venían investigando y lograron trazar una especie de nuevo mapa de esa marginalidad con brillo, donde se cruzan productores artísticos con relacionistas públicos de boliches de Palermo y empresarios de poca monta con jóvenes que buscan fama. En eso mismo escenario, aunque en la extraña Villa La Ñata, se hallaba Natacha cuando murió por un presunto ACV inducido por consumo de cocaína.

 

"Seguía preparando denuncias", dice Alejandro Cipolla, el abogado de la vedette. Dice que todo está por verse. Que por sus dichos ,su clienta corría peligro. Y tiene razón: porque También la forma en que murió, como siempre ocurrió con todo en la vida errante de Jaitt, deberá ser probado. 

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