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A bordo del destructor ARA “La Argentina”, una tonada correntina inunda el comedor de la Cámara de Oficiales. Se trata del Cabo Segundo Apoyo General Camarero Emilio Maidana, oriundo de San Miguel, quien le pone payé a cada servicio.

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Payé, chamamé, azadazo, gurisada y así se podría continuar una lista interminable de palabras que pertenecen a un dialecto propio de quienes habitan el Noreste argentino. Tales vocablos lo identifican y son parte de las raíces de Emilio Javier Maidana, de 30 años, oriundo de la localidad de San Miguel, a unos 160 kilómetros de la ciudad capital de Corrientes.

 

El presente encuentra a Emilio Maidana a bordo del destructor ARA “La Argentina” en la jerarquía de Cabo Segundo; lejos del río, pero muy cerca del mar; a más de 1500 kilómetros de distancia de la familia que lo vio crecer, aunque junto a su otra familia, la naval, aquella que supo constituir en estos 11 años de carrera.

 

“Entré a la Armada Argentina como Marinero en la Tropa Voluntaria cuando tenía 19 años; me anoté sin saber de qué se trataba porque lo único que deseaba era construir un futuro”, relata Emilio.

 

De sus raíces, el joven correntino recuerda con orgullo el trabajo en los campos de algodón y maíz, actividad que servía para colaborar con la economía familiar. Él es el cuarto de 11 hermanos, y el único que decidió buscar nuevos horizontes más allá de su querida provincia.

 

“Mi primer destino como Marinero fue en el Batallón de Seguridad, donde estuve durante 4 años desarrollando tareas de vigilancia hasta que me dieron la función de camarero”, expresa el Cabo Maidana. Esta función le permitió traer a la práctica conocimientos sobre gastronomía que él ya había adquirido en otros ámbitos.

 

Por su desempeño, tenacidad y compromiso, fue seleccionado para realizar una comisión al exterior siendo parte de una Misión de Paz a la República de Haití. “Cuando me convocaron no entendía mucho, nunca había salido del país, y ni siquiera conocía un avión. Viajamos 36 horas y cuando llegué me encontré con una realidad muy diferente, desde la cultura hasta el idioma.”

 

De esta manera, Emilio cuenta emocionado que fue una experiencia única, que tuvo la posibilidad de aprender trabajando y trabajar aprendiendo. Comunicarse con los lugareños fue todo un desafío, las nociones básicas de la lengua creole (criolla) las adquirió en clases impartidas dentro de la misma Fuerza de Tareas argentina desplegada en la isla centroamericana.

 

“Fueron seis meses extraordinarios, pero extrañé mucho a mi familia, mi lugar; y si me preguntan, a mi Corrientes no la cambio por nada”, expresa con una sonrisa pícara.

Luego de la comisión al extranjero, le continuaron algunos años destinado en la Base Aeronaval Punta Indio para más tarde desembarcar en el 2016 en su actual destino en “La Argentina”. Otra nueva experiencia lo esperaba: navegar. “El primer tiempo vivía mareado, venía de un destino donde el suelo es firme; pero mi organismo se fue acostumbrando y hoy me siento cómodo en este ámbito, aunque mi corazón sigue estando en la Infantería de Marina”, confiesa.

 

El destructor ARA “La Argentina” pertenece a la clase Almirante Brown y forma parte de la Flota de Mar Argentina. Actualmente la embarcación cumple funciones de patrullado marítimo, participa en operaciones de búsqueda y rescate, desarrolla ejercicios de adiestramiento conjuntos y combinados. Su apostadero natural está ubicado en la Base Naval Puerto Belgrano, al sur de la provincia de Buenos Aires, donde Emilio hoy vive con su familia.

 

Padre de Morena Itatí de 3 años --en el nombre de su hija existe otra referencia a sus raíces correntinas—el Cabo Maidana relata que cada vez que sale a navegar ella dice: “Papá está en el barco”. El marino correntino siente orgullo por su profesión y no pierde oportunidad de compartir sus anécdotas con la pequeña --quien a pesar de su corta edad-- comprende que su papá es un hombre de mar.

 

Ante la pregunta de por qué ingresó a la Armada Argentina su respuesta fue contundente: “Es una buena profesión, es una vida llena de nuevas experiencias. Como todo, implica sacrificios y voluntad de superación; pero lo que uno aprende y los camaradas que conoce, los lleva para el resto de la vida en el corazón”.

 

Fuente: Gaceta Marinera  - Base Naval Puerto Belgrano, Lic. María Silvina Rosas www.gacetamarinera.com.ar

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