La vicepresidenta segunda del Senado recibe el apoyo de los partidos opositores y los dos tercios de la Cámara, fieles a Evo Morales, rechazan la sucesión.

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Bolivia tiene desde el martes por la noche, al menos sobre el papel, una nueva presidenta tras la renuncia de Evo Morales. Se trata de la vicepresidenta segunda del Senado, la opositora Jeanine Áñez, quien sucede de forma interina al exmandatario, pero la transición solo tuvo el visto bueno de una tercera parte del Parlamento, el órgano encargado de formalizar el traspaso.

 

En estos últimos días, tras el presidente, ha ido dimitiendo el resto de las autoridades previstas en la Constitución para sucederle. Ella era la siguiente de la lista y el jefe del Ejército, Williams Kaliman, se encargó de colocarle la banda presidencial, mientras el Tribunal Constitucional avaló su posesión. El Movimiento Al Socialismo (MAS), el antiguo partido de Gobierno y mayoría en la Cámara, no participó en la votación en señal de rechazo.

 

El líder indígena, asilado en México, aplaudió la decisión de su bancada y arremetió contra sus adversarios. “Felicito a nuestras hermanas y hermanos asambleístas del MAS-IPSP por actuar con unidad y dignidad para rechazar cualquier manipulación de la derecha racista, golpista y vendepatria. Permanecemos unidos en la defensa de la democracia, el Estado de derecho, la vida y la patria”, escribió en Twitter.

 

La Cámara abordó la transición con el nombre de Áñez, de ideología conservadora, sobre la mesa. La senadora fue elegida en las filas opositoras, se sentaba en la bancada del Frente de Unidad Nacional y era la encargada de tejer los consensos necesarios para lograr el desbloqueo en esta sesión. Se quedó lejos de conseguirlo, lo que ahora arroja un escenario muy incierto y profundiza el choque de fuerzas. Lanzó algunos mensajes enfrentados entre sí. Por un lado, aseguró que los parlamentarios del MAS se habían comprometido a participar en la sesión y se mostró convencida de que la votación contaría con el quórum necesario.

 

Por otro lado, lanzó una acusación genérica y denunció un intento de bloquear la sesión. “Hemos sabido y de manera desafortunada que se quieren boicotear las sesiones ya convocadas”, dijo. Durante su discurso aseguró que se compromete a “convocar a nuevas elecciones lo más pronto posible” con instituciones independientes. Y una vez se proclamó se dirigió al Palacio de Gobierno, se asomó al balcón y exhibió un ejemplar de la Biblia. Minutos antes, cruzando la plaza de Murillo, había celebrado en medio de opositores que la Biblia volviera a entrar a palacio.

 

La senadora hizo un llamamiento a la gobernabilidad y pidió salir del bloqueo. No obstante, encontrará ahora la resistencia sin fisuras de los seguidores de Morales y sus representantes políticos, que consideran que la renuncia del líder indígena, forzada por el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, es fruto de un golpe de Estado.

 

Fuente: elpais.com

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