El primer paso para una política de conservación del patrimonio es la identificación de la obra y su problemática dentro del universo de bienes que componen el acervo de un museo. En este contexto se tienen en cuenta no solo aquellas paradigmáticas y únicas, sino también a otras más sencillas pero que tienen un alto significado religioso, cultural, histórico o social.

 

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El trabajo de descubrir, valorar y proteger el patrimonio cultural, si bien es una tarea de todos, la responsabilidad de conservarlo, es una actividad específica de profesionales idóneos en la materia, quienes silenciosamente, en contacto directo con éstas, dialogan e indagan más sobre ellas, las circunstancias en las que fueron creadas y los acontecimientos por los cuales pasaron y dejaron, cicatrices y diferentes estados de deterioro. En conjunto, los datos obtenidos, ayudarán a comprender y valorar aún más la propia historia de la obra.  

 

En el Museo de Bellas Artes “Dr. Juan R. Vidal” los tratamientos de conservación y restauración con sus diferentes niveles de intervención, se llevan a cabo, sin prisa y sin pausa, van desde las remociones mecánicas superficiales con pinceles de pelo suave en los anversos y reversos, como también tareas más profundas, consolidaciones en sectores con niveles de desprendimiento importante de la capa pictórica. Remociones de barnices resinosos no originales, que a pesar de haber sido aplicados discretamente, han atravesado los recubrimientos e impregnado el reverso de las telas o se han oxidado y de esa manera se han vuelto quebradizas con una importante alteración cromática.

 

Las correcciones de las deformaciones en los bastidores o en los soportes originales, también son frecuentes y necesarios. En estos casos, el paso del tiempo ha actuado haciendo trabajar mecánicamente los materiales que la componen, o bien por permanecer en lugares no adecuados, cuya temperatura y humedad relativa, no son las ideales para una vida saludable de la obra.

 

Entre las tareas apasionantes, se puede mencionar el hallazgo de “pentimenti” o arrepentimientos del artista, al momento de crearla. El restaurador, casi en una tarea detectivesca, visualiza estos detalles, muchas veces invisibles a la mirada a simple vista, sí, a través de minuciosas observaciones con luces especiales o rayos X.

 

 En esta tarea diaria, no se pretende la reversibilidad de la edad del bien, ni la abolición de su historia, sino, poder situarla a ella misma en el tiempo, cada sector con sus particularidades y riquezas, tratados con el rigor y precisión de un médico cirujano.

 

 VIDA Y OBRA

Elisa Martínez es restauradora, actualmente se desempeña en el Taller de Restauración del Museo de Bellas Artes “Dr. Juan R. Vidal”, como Coordinadora Técnica, Diplomatura Universitaria en Conservación y Restauración en la ciudad Resistencia, Chaco. Miembro de la Comisión de Fé y Cultura del Arzobispado de Corrientes.

 

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde permaneció por más de veinte años, trabajó en el Programa de Recuperación del Patrimonio del Ministerio de Economía de la Nación. Coordinó tareas de restauración de murales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. También se desempeñó como personal de planta, en el Proyecto TAREA de la Fundación Antorchas y la Academia Nacional de Bellas Artes.

 

En la década del 80, formó parte del equipo del Taller Provincial de Restauración de la ciudad de Corrientes.

 

 RESTAURACIONES REALIZADAS

 

 BUENOS AIRES

Marouflages, Teatro Colón. Camarín de María Auxiliadora, Basílica de San Carlo. Pintura Mural en la Basílica San Antonio de Padua en Devoto. Murales de Quinquela Martín, Batlle Planas, Di Bianco, Fioravanti, Carpani, etc.

 

CORRIENTES Y RESISTENCIA

Iglesia San Francisco. Iglesia de la Santísima Cruz de los Milagros. Iglesia de Santa Ana de los Guácaras, de la provincia de Corrientes. Murales en El Fogón de los Arrieros, de los artistas Capristo, Jonquíéres, Grela, Gorrochategui, Líbero Badil, Bonome, Arranz, Fernández Navarro, Brascó. Murales de Raúl Monsegur y Monumento a la Loba Romana, en la plaza 25 de mayo, Resistencia, Chaco.

Por Elisa Martínez*

 

 

 

 

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