Nada será como era entonces. La pandemia mundial por el Covid-19 marcará al mundo de una manera tan intensa, como no se vio en la historia de la Humanidad. El relacionamiento social, tal como lo conocemos ya no volverá.

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El mundo se mostró azorado, incrédulo en un primer momento, aterrado luego y ahora expectante. Los estadíos de esta nueva enfermedad que toma el carácter de Pandemia, por su distribución geográfica simultánea, se muestra agresiva, imparable o por lo menos, con una mortalidad pocas veces conocida.

 

Muchos países, incluida la Argentina, sufren consecuencias sociales y económicas, además del colapso en algunos lugares, de las estructuras sanitarias, como el caso de los latinos europeos, como España, Francia e Italia, fundamentalmente.

 

Otros, como China, país desde donde surge el Covid-19, sufren solo algunos problemas sociales, pero no se ve afectada la economía, ni el esquema de salud que reacciona rápidamente.

 

Argentina suma a todos los problemas conocidos, un grave conflicto político debido a esquemas autoritarios que surgen desde el gobierno nacional con el cierre del Congreso de la Nación, la Justicia y las denuncias públicas por sobreprecios en las compras de insumos, mercadería y otros equipamientos para “paliar la pandemia”.

 

Pero en la cuestión social, los esquemas comunitarios de participación y relacionamiento son los que tardarán en recuperarse plenamente, si es que la vida de las personas vuelve a la normalidad o entraremos a una nueva forma de vida. “La transición a una nueva normalidad, nos cambiará para siempre”.

 

Los abrazos, el mate compartido, los besos como saludo, las reuniones con amigos, y muchas otras formas de cercanía, tardarán en volver. Los más escépticos auguran la desaparición de conductas sociales de relacionamiento físico.

 

El traslado de esas conductas a otras más distantes; de menos contacto físico, se trocarán en frías o lejanas relaciones de distanciamiento social y el mundo digital, la virtualidad, cobrará más fuerza, pero a la vez; posiblemente, mayor control sobre las actividades de las personas.

 

El 1984 de George Orwell y su gran Hermano, cobra una dimensión todavía mayor. El seguimiento de las personas por parte de un Estado omnipresente, tecnológicamente capacitado para constituirse en el regulador de las conductas sociales, incluso íntimas, empieza a plasmarse en la vida cotidiana.

 

Lo cierto es que esta pandemia será el punto de inflexión. Habrá un antes y un después. Y solo los países con estructuras sanitarias acordes, con organizaciones económicas fuertes y políticas democráticas saldrán fortalecidas. No es el caso de Argentina.

 

Pero hay algo que sí igualará a todos en cada rincón del planeta. Los abrazos, tardarán en volver.

 

(*) Miguel Matusevich - periodista

 

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