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Cuentan los antiguos que cuando llegaron los españoles a nuestro país, se comenzó a hacer costumbre el enterrar bajo tierra las riquezas en joyas, oro y especies valiosas, por los continuos asaltos que sufrían los grandes fundos por grupos o familias enteras de bandoleros.
Con el paso de los años, muchos latifundistas y terratenientes han muerto dejando estos tesoros escondidos en las que fueron sus tierras y en el más absoluto secreto. Nadie pudo encontrar sus riquezas. Años más tarde algunas personas “elegidas” comenzaron a ver en las noches oscuras una especie de rescoldo (brasas ardientes) si eran de color rojizo era un entierro de oro y si era de color blanco el entierro era de plata. Al remover la tierra en ese lugar desenterraron cántaros de greda repletos de oro y plata. Nadie duda que existen dichos entierros o tesoros escondidos inclusive en antiguas casonas construídas a principios del siglo XX; son considerables fortunas bajo tierra o entre las tejas de algún viejo techo. Para encontrar los entierros tenían que cumplir una serie de condiciones: ser valientes, pues tenían que hacerlo en una noche muy oscura, no tenían que ser codiciosos, pues, cuando les entraba la codicia, el entierro se cambiaba de lugar y era imposible de encontrar. Se levantaba una cortina de humo y por más que excavaran no encontraban nada, pues el entierro se cambiaba de lugar. Dichos lugares se reconocen porque en su entorno suceden hechos extraños, luces al atardecer, chispas como si estuvieran encendidas fogatas, cerca o sobre el entierro; algunas historias más tenebrosas cuentan de la aparición de espectros o sombras que indican el lugar...eso sí, sólo a quienes ellos decidan entregárselo. En el campo, son los fantasmas los que anuncian dicho entierro, también con sonidos de metales chocando en seco; mientras más se buscan, más difícil se hace la tarea de encontrarlos, por ello se dice que en la mágica noche de San Juan a medianoche, los ambiciosos cazatesoros deberán salir a buscarlo para tener suerte. La leyenda dice que si a alguien se le da la gracia de encontrarlo, deberá actuar rápidamente si no desea que se vuelva a perder; para ello debe enterrar un objeto metálico puntiagudo a modo de ancla para que no se mueva, para volver con las herramientas suficientes para desenterrarlo, pero para que esta empresa sea realizada con éxito, se deben cumplir ciertas reglas: - En la extracción del tesoro sólo pueden intervenir máximo tres personas y de sexo masculino, si hubiera una mujer ésta debe estar vestida con la ropa al revés. - Cuando se comienza la excavación no pueden pronunciarse el nombre de Dios, de Jesús, o de la Virgen o de ningún santo, porque si lo hace el tesoro se moverá de lugar, siendo imposible volver a encontrarlo. - Al encontrar el buscado "entierro", éste pasa a ser muy peligroso para quien lo encuentre, porque conlleva una maldición; según se cuenta, estos tesoros ya son pertenencia del diablo. La maldición se traduce en muertes repentinas de algún miembro de la familia del desenterrador de tesoros, en los días siguientes. - Para que la maldición no alcance al buscador, éste debe cambiarse inmediatamente de casa lo más lejos posible. - Además, ni una sola moneda del tesoro puede ser utilizada, hasta pasado un año como mínimo de su hallazgo.
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    Renovar el 60% de las ambulancias en solo un año es ir para adelante.Municipalidad de Paso de la Patria
    En Corrientes las jubilaciones provinciales duplican a las nacionales. Es es ir para adelante.
     
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