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Parecería que los peronistas para estar juntos necesitan un adversario común decía el ex Presidente Uruguayo; José Mujica, sin embargo esta vieja “frase” no sería tan lineal por estas épocas. Si bien es cierto, que las internas, fisuras, confrontaciones y alejamientos venían desde antes, la realidad es que el peronismo no ha logrado un frente homogéneo.

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Desde las bases se escuchan murmullos feroces que desacreditan a sus propios dirigentes, puestos en una situación tal de crisis de representatividad, que les urge ratificar sus liderazgos para conservar su cuota de poder.

 

En términos generales, no alcanzan a dimensionar el daño que este gobierno neoliberal le está causando a nuestro pueblo, o no les importa que sería la peor de las hipótesis. Volvieron los diciembres calientes y las estructuras crujen, son tiempos de renunciamientos históricos, es el tiempo para aplicar la escala de valor de todo peronista: primero la patria, después el movimiento y luego los hombres. Mientras no unifiquemos criterios, y se construyan los acuerdos y consensos necesarios para establecer un programa alternativo que tenga como eje la agenda de los trabajadores, los humildes y los nuevos emergentes sociales, seguiremos alejándonos cada día más de la posibilidad de ser una opción real y concreta que disputa poder, sin mezquindades ni sectarismos.

 

No podemos tener una postura de integración, conciliación o dialogismo, con quienes se encuentran en las antípodas de nuestro pensamiento ideológico. Si no que más bien los dirigentes que conducen deben retroceder en sus privilegios, reorganizar sus fuerzas, pensar en instancias organizativas que sean incluyentes, igualitarias y que permitan una apertura real, porque realizando esta acción es que lograremos también recrear la política, y alcanzar las mayorías necesarias.

 

Es cierto que si reinan las divisiones es porque los liderazgos actuales no alcanzan o no tienen la suficiente fuerza para ser ordenadores de nuestro movimiento, pero también es innegable que el opresor no sería tan fuerte, si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos. Los dirigentes deben estar a la altura de las circunstancias, resignar sus intereses, deponer la actitud de ser instrumentos serviles para las operaciones del gobierno que van en detrimento de los intereses de nuestro pueblo. Quienes estamos convencidos de que la unidad en la diversidad es el único camino posible, debemos realizar todos los esfuerzos necesarios para desfragmentar el peronismo, porque es la Nación la está en peligro.

 

No obstante, el peronismo en esta etapa, para ser revolucionario no solo debe recrear sus estructuras organizativas, sino que también debe discutir fuertemente la corrupción como germen latente en la sociedad, en el Estado y en las organizaciones o estructuras partidarias.

 

Los pueblos vienen mostrando un hartazgo sobre esta problemática y los silencios ya no son prudentes, son cómplices. Si bien no ha existido gobierno que no haya señalado al de otro signo partidario como corrupto, no hay gobierno que no la haya practicado, sea a través del desvío de fondos públicos, de la asignación directa de contratos a sus allegados, de la recepción de fondos ilegales para sus campañas, del uso discrecional del presupuesto o de la utilización clientelar de los programas sociales.

 

Para el papa Francisco, la corrupción es la destrucción de la persona humana. En ese sentido la persona corrupta, corrompe a su paso gobiernos y organizaciones, creando redes de complicidad, y sistemas corruptos imperantes. Si queremos una solución, debemos ser parte de ella. Hemos sufrido en nuestros gobiernos populares muchas traiciones en este sentido, pero si no diseñamos mecanismos de prevención y de intervención sin que la centralidad sea la administración de justicia, sino más bien el principio de la cadena de las causas de la corrupción agotaremos la paciencia del pueblo, que ya no se contenta con la simple “autocritica”.

 

Estoy convencida de que el peronismo en este contexto político, social y económico debe ser más revolucionario que nunca, no podemos consentir una visión de peronismo testimonial, reformulemos inmediatamente lo que haya que reformular y salgamos a tender puentes para unir este rompecabezas que es el campo nacional y popular. Levantemos el entusiasmo de la militancia, defendamos la dignidad, organicemos la esperanza, y luchemos por la independencia económica, soberanía política y justicia social de nuestra Nación

 

(*) Dra. Veronica Natalia Molina

DNI 29421870

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